Mostrando entradas con la etiqueta PreceptosBudistas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta PreceptosBudistas. Mostrar todas las entradas

miércoles, 15 de febrero de 2012

Preceptos budistas en Gandhi.





“Cuida tus pensamientos... porque se volverán palabras. Cuida tus palabras... porque se volverán actos. Cuida tus actos... porque se harán costumbre. Cuida tus costumbres…… porque forjarán tu carácter. Cuida tu carácter... porque formará tu destino. Y tu destino será tu vida.”

Mahatma Gandhi (1869- 1948)

miércoles, 25 de agosto de 2010

Las Cuatro Nobles Verdades y el Noble Óctuple Sendero

La base de la enseñanza del Buda histórico es muy simple (el recorrido en su práctica hacia la perfección ya es otra cosa...). La Iluminación conseguida por Sidharta Gautama le permitió "ver" (con los ojos de la sabiduría suprema) la esencia de la vida y del universo. Y también le permitió ser capaz de comunicar esos contenidos tan complejos de una manera sencilla, resumidos en cuatro Nobles verdades que dictó en el llamado Sermón de Benarés:

1. Conciencia del sufrimiento. Debemos aceptar y reconocer que en mayor o menor medida somos seres insatisfechos o sufrientes.
2. Conciencia del origen del sufrimiento. Debemos reconocer que la causa de nuestra insatisfacción o sufrimiento reside en el deseo (apego), en el odio (rechazo) y en nuestra incapacidad de entender el sentido de la vida (ignorancia).
3. Conciencia de la extinción del sufrimiento. Debemos saber/admitir que es posible poner fin a la cadena de causa-efecto que origina el sufrimiento. Romper la "rueda del samsara" es el objetivo de la enseñanza del Buda. La curación es posible, nos dice.
4. Conciencia del Noble Óctuple Sendero. He aquí el camino para la extinción del sufrimiento. No es otro que un camino "medio", porque se evitan los extremos tanto del exceso como de la privación, que el propio Gautama había experimentado en su vida, primero como príncipe y más tarde como yogui. Los ocho caminos de este Noble Sendero se refieren a tres principios éticos (E) que son la base de los cinco preceptos budistas, tres entrenamientos para la perfección de la mente (P) y dos condiciones de la inteligencia para alcanzar sabiduría (S) y son los siguientes:

a: Visión (comprensión) correcta (S)
b: Pensamiento correcto (S)
c: Atención plena (P)
d: Habla correcta (E)
e: Acción correcta (E)
f: Esfuerzo (P)
g: Concentración (recta meditación) (P)
h: Medio de vida correcto (E)

Todos los senderos están comunicados, son interdependientes, de manera que al practicar cualquiera de ellos se camina también en la prefección de los demás.

domingo, 25 de julio de 2010

Cuarto precepto: el principio de veracidad.


Forma positiva: con comunicación de veracidad purifico mi hablar (purifico mi discurso).

Forma negativa: Me comprometo con el Principio del entrenamiento a refrenarme del falso hablar.

La importancia del hablar.
La manera en que hablamos moldea el mundo en que vivimos. Nuestro hablar tiene un fuerte efecto en nosotros y en las demás personas. Es claro que necesitamos una guía ética acerca de nuestro hablar. [...] El hablar con veracidad no es una práctica básica, “para principiantes”. Como veremos, esta es una práctica difícil que confronta nuestro usual acercamiento egoísta a la vida.

El Principio de veracidad.
Podemos definir la veracidad como un respeto valiente por la realidad, aun cuando conocer y enfrentar la verdad vaya en contra de lo que constatamos ser nuestras metas centradas sólo en nosotros mismos, o cuando pudiera causar displacer. La práctica de este Precepto trata del desarrollo de cualidades sinceras así como de integridad. Esto significa enfrentar la manera de decir la verdad aun y cuando esto vaya en contra de lo que nuestro ego desea, restándole importancia a nuestra tendencia a dar prioridad a nuestros deseos centrados en nuestra persona por sobre la realidad.

Los alcances de un hablar verídico.
Al pedirnos adoptar un hablar verídico como parte de nuestro entrenamiento espiritual, este Precepto va más allá de lo que comúnmente llamaríamos mentir. Es evidente que la mentira está incluida, pero también nos pide hacer de nuestro hablar un reflejo verdadero de la realidad, evitando las distorsiones unipersonales que nuestros deseos centrados en nuestro ego producen. Esto incluiría, por ejemplo, el no exagerar- alardear, darnos una importancia desmesurada o dar la impresión de ser autosuficientes o agresivos, o hacer que otros luzcan peor de lo que son; no iniciar situaciones que nos colocarían en un lugar privilegiado ante los demás o otorgarnos la razón o el obtener lo que queremos; no buscar excusas para evitar culpas, sino el hacernos cargo de nuestras propias responsabilidades; presentar los dos puntos de vista en un conflicto y no sólo el propio punto de vista, así como evitar todas las omisiones y falsos énfasis que dan una imagen falsa de aquello que haya ocurrido mientras se permanece del lado conveniente de la mentira. El Precepto nos pide directamente que seamos abiertos y valientemente verídicos en nuestra práctica espiritual y no apegarnos a la letra muerta de cualquier regla literal.

Los peligros de la veracidad.
Distorsionar la verdad en nuestro hablar trae como consecuencia:
a) lastimarnos a nosotros directamente, pues nos alejamos de los demás, de nuestra la comunidad. Nos lastimamos a nosotros mismos también porque dificultamos el ser más veraces con nosotros mismos – vernos como realmente somos- lo que le resta valor a toda nuestra práctica espiritual en su conjunto, a la integridad y al sentido de completud, separándonos de lo mejor de nosotros mismos y alienándonos de nuestra naturaleza Búdica.
b) nos separa de los demás. No podemos estar en comunicación con los demás si no decimos la verdad. Una de las metas importantes de la ética es ayudarnos a comportarnos de maneras que reflejen e incrementen nuestro sentido de conectividad con los demás. Al separarnos de la comunicación real, el falso hablar aumenta nuestro propio sentimiento de sufrimiento y engaño en tanto ego separado, tenso y endurecido, separado de los demás y en conflicto con el resto del mundo.
c) nos separa del la comunidad espiritual. Necesitamos ser parte de una comunidad espiritual de personas que compartan una aspiración espiritual y que apoyen entre sí su práctica. Necesitamos amistades con quienes podamos ser honestos y abiertos, sin miedo a decir algo que pudiera ser usado en nuestra contra. Esta clase de comunidad espiritual puede tan sólo existir cuando las personas confían unas en las otras, y la confianza es sólo posible cuando las personas hablan la verdad. Mentir y distorsionar las cosas crea desconfianza.

Las ventajas de practicar la veracidad.
La veracidad es una práctica demandante. Muy a menudo mantenemos una especie de conferencia de prensa con nuestro propio pensamiento a través de nuestra hablar constante, tratando de editar la realidad para hacernos lucir del modo en que queremos ser vistos. Frecuentemente ni siquiera nos damos cuenta que estamos haciendo esto - en realidad creemos en nuestras distorsiones y podemos reaccionar con agresividad si nuestras distorsiones son puestas en duda -. Comenzar a cambiar estos patrones de comportamiento es una práctica difícil pero poderosamente transformativa. Nos vuelve conscientes de nuestras motivaciones inconscientes, mejora nuestras relaciones con los otros, reduce los niveles de ansiedad y produce un mejoramiento general en nuestra práctica ética, lo cual es reflejado en un mejoramiento general de nuestros estados mentales.

Desarrollo de la conciencia.
Para practicar el hablar verídico necesitamos estar conscientes de nuestro hablar. Tenemos que tener en mente que esto puede ser una empresa difícil – cuando estamos interactuando con otros, implicando todas las emociones y reacciones que esta práctica produce. Normalmente no somos muy concientes de nuestro hablar o de las diferentes voliciones que lo acompañan. Así que la mayor parte del tiempo nuestra deshonestidad se resbala por nuestros labios, aparentando ser algo accidental, y no es hasta que ha pasado cierto tiempo que podemos empezar a creer en nuestras propias distorsiones. Pero si conscientemente decidimos decir la verdad, entonces tendremos que observarnos y preguntarnos, conforme hablamos: “¿es esto verdad?”.

Los Ocho Vientos del Mundo.
La mayoría del tiempo distorsionamos la verdad para obtener lo que queremos de una forma u otra. Una manera útil de encuadrar la manera en que hacemos esto son “Los Ocho Vientos del Mundo”. Estos son cuatro pares de elementos negativos y positivos que tienden a gobernar nuestras respuestas egocéntricas ante el mundo. Constantemente intentamos obtener lo positivo de cada par, tanto nos sea posible, evitando así lo negativo. Los Ocho Vientos del Mundo son:

Ganancia (de dinero y posesiones) en contra de una pérdida.
Aprecio o aceptación en lugar de culpa.
Placer en lugar de displacer
Fama o estatus en contra de pérdida de fama o estatus.

Los vientos del Mundo son la medida del ego, lo que determina si se está ganando o perdiendo en el juego de la vida. Normalmente distorsionamos la verdad al servicio de ganar en uno u otro de estos juegos. Queremos ganar dinero o bienes y evitamos perderlos.

Menos ansiedad.
El practicar el hablar con veracidad usualmente nos ayudará a sentirnos más tranquilos y menos tímidos y ansiosos con los demás. Cuando distorsionamos la verdad para crear una imagen irreal de nosotros , tememos que los demás puedan ver a través de la máscara que hemos creado sobre nosotros y pudiendo así ver a la persona que tratamos de ocultar. Esto puede causar un sentimiento de timidez y una ansiedad subyacente en nuestras relaciones con los demás. Ser más abiertos y directos para con los demás nos permite acabar con esta ansiedad. Encontramos que si nos revelamos más como realmente somos, los demás no nos responderán con rechazo- de hecho, nos aceptarán y les agradaremos mucho más todavía.

Tercer precepto.

Tomado de
"Tercer precepto. Desde la avidez hasta el profundo contento"

Centro de Budismo de la ciudad de México.

Forma positiva del tercer precepto: Con tranquilidad, sencillez y contento purifico mi cuerpo.
Expresión negativamente: Me comprometo con el Principio del entrenamiento en abstenerme de una conducta sexual inadecuada.

[...]
"El sexo solo es una forma de avidez.
En la forma negativa tradicional del Precepto, el sexo es señalado como probablemente el más poderoso tipo de deseo humano y, por lo tanto, como el más grande obstáculo para la satisfacción. Pero de lo que en realidad estamos siendo advertidos es de no permitir que ningún deseo se vuelva un tipo de avidez de características neuróticas que puedan hacer que nuestra mente esté como en una especie de remolino- y el sexo aquí puede representar a todos nuestros deseos -. La idea de una “conducta sexual inadecuada” no implica ninguna actitud moralista hacia formas particulares de actividad sexual tales como sexo fuera del matrimonio, homosexualidad o masturbación. El “comportamiento tope” al que el Precepto se refiere y del que nos advierte, es en contra de una actividad sexual que genere sufrimiento a los demás o a nosotros mismos."
[...]
"La avidez.
La práctica de este Precepto involucra un ejercicio de cierto control sobre nuestros deseos y apetitos, de tal modo que podamos experimentar “la tranquilidad o quietud, la sencillez y el contento”. El budismo ve en la “avidez” a un enemigo del contento, pero no ve en todos los deseos algo “malo” per se. Muchos deseos son naturales y necesarios e incluso saludables. [...] Nos es debido distinguir entre un deseo saludable y necesario para la vida, de aquellos deseos compulsivos que nos mantienen limitados a un ciclo interminable de insatisfacción. El deseo de este tipo podría ser definido como un deseo que no puede satisfacer la necesidad que estamos intentando aquietar. Por ejemplo, si comemos de más no estamos ingiriendo alimentos por una necesidad. Tal vez buscamos tranquilizarnos ("distraer nuestra insatifacción") por medio de la comida pues carecemos de autoestima o de afecto. Pero la comida no puede llenar estas carencias - de hecho, el comer de más nos dificultará obtener lo que necesitamos realmente -. "
[...]
"Los peligros de la distracción.
Las maneras en que nos distraemos de nuestros sentimientos de insatisfacción pueden no ser “malos” en sí, pero a menos que los mantengamos en su lugar correspondiente pueden tener, por lo menos, tres consecuencias negativas:
1. Podemos obstaculizar el atender lo que realmente puede satisfacernos, de tal modo que desperdiciaríamos nuestras vidas por estar constantemente buscando nuestra satisfacción en el lugar equivocado.
2. Estas maneras de distraernos pueden volverse adictivas. Cuanto más comamos innecesariamente, bebamos, fumemos, tomemos drogas, adquiramos propiedades, compremos, consumamos, nos masturbemos, permitamos fantasías románticas o lo que más creamos que así nos conviene, más difícil será desligarnos de nuestros hábitos y buscar satisfacción de otros modos más efectivos.
3. Nuestras distracciones adictivas frecuentemente darán lugar a estados mentales negativos de tal manera que en vez de ayudarnos a ser felices, sólo nos separarán todavía más de las partes que nos constituyen y que nos brindarían una satisfacción real. Por ejemplo, cuando nuestros deseos no son recompensados podríamos sentirnos frustrados o enojados contra la gente que nos separa de lo que queremos. De hecho, nuestro intento por lograr la felicidad por medio del consumo, las pertenencias o a través de experiencias en el mundo exterior pueden servir de anfitriones a estados mentales negativos, incluyendo la deshonestidad, resentimientos, envidia y ser causantes de una gran ansiedad.
[...]
"Sexo.
En su forma tradicional negativa este Precepto se concentra particularmente en el sexo en tanto representa ser un anhelo muy poderoso para muchas personas. El budismo no ve en el sexo en sí algo “malo” pero el sexo puede servir como un punto focal del deseo desmedido. [...] El Principio que nos es necesario aplicar aquí obviamente será el de de no lastimar a otros seres o a nosotros mismos a través de nuestro comportamiento sexual. Nuestros deseos sexuales tienden a lastimar a los demás si no los tomamos en cuenta al buscar nuestro propio placer.
[...]
"No dañarnos a nosotros mismos.
Nuestros deseos sexuales nos lastiman si permitimos que se vuelvan un anhelo neurótico o si se presentan de un modo tan demandante que nos evitan experimentar la paz mental. Debemos manejar nuestro impulso sexual de tal modo que no domine nuestra experiencia o nuestra agenda vital... Esto implica “cuidar las puertas de la percepción”, es decir, controlar la manera en que usamos nuestros sentidos para reducir la cantidad de estimulación sexual que recibimos. Tenemos entonces la elección acerca de dónde colocar nuestra atención y si constantemente escogemos enfocarnos en lo que encontramos sexualmente estimulante, encontraremos muy difícil realizar la paz mental. El cuidar las puertas de la percepción también implica el observar la manera en que utilizamos nuestra mente, de tal modo que no usemos fantasías sexuales como un distractor que nos aleje de nuestras propias experiencias.
[...]
"Cultivando la simplicidad.
Si queremos paz mental- lo que el Precepto llama sencillez y contento- entonces necesitamos ver la simplicidad como una cualidad positiva, y cultivarla. Tal vez necesitemos tomar algunas decisiones que tiene que ver con nuestras prioridades y simplificar nuestras vidas de manera consecuente. Tal vez necesitemos notar que el tener menos posesiones – y gastando menos tiempo ganando dinero para obtenerlas-, puede hacer de nuestra vida algo más enriquecedor y no algo que nos empobrece. Tal vez tengamos que superar el condicionamiento que nos dice que la simplicidad es igual a pobreza, y entonces apreciar la belleza y el deseo de la simplicidad. La simplicidad en la vida, al igual que la simplicidad en el arte, es un aspecto de refinado buen gusto, ya que se libra del adorno innecesario y permite una apertura al sentido del espacio, la luz y la libertad. [...] Alcanzarla implica el desatarnos de una sociedad de consumo- idea que podría no sonar tan atractiva y que requiere cierta determinación y fuerza de carácter, ya que usualmente va en contra de los valores de la sociedad de hoy en día.

Preguntas para reflexionar y discutir.

1.- ¿Estas de acuerdo en que muchos de los deseos que impulsan la actividad humana son un tanto obsesivos? Si así opinas, da algunos ejemplos.
2.- “La felicidad no proviene tanto de obtener lo que queramos sino de poseer menos”, ¿estas de acuerdo con esta sentencia? Si así opinas ¿qué habrías de decir a propósito del acercamiento a la felicidad que ofrece la sociedad de consumo?
3.- ¿Cuáles son algunos de tus aspectos avidez y posibles adicciones? (todos las tenemos).
4.- ¿Qué tan tan a menudo piensas en el sexo? ¿Hasta qué nivel tiendes a buscar impresiones visuales que incrementen tu deseo sexual? O, dicho de otro modo, ¿qué tanto guardas las puertas de la percepción para limitar tu deseo sexual?
5.- ¿Ves en la sencillez- en el sentido de mantener lo que nos pertenece y que consume lo necesario para una vida sana- como una cualidad positiva o negativa? ¿Qué dimensión tienes acerca de realizar la sencillez en tu vida?
6.- ¿ Crees que tenga todo este tema que ver con tener una vida muy ocupada o una que no es lo suficientemente ocupada? De cualquier modo, ¿qué podríamos hacer al respecto?

sábado, 24 de julio de 2010

La ética budista: Los cinco preceptos.

La ética budista se fundamenta en los principios de "ahimsa" no o ocasionar daño y el Camino medio (moderación; no reprimir ni tampoco aferrarse a nada). Según las enseñanzas budistas, los principios éticos están determinados por el hecho de si una acción cualquiera podría tener una consecuencia dañina o perjudicial para uno mismo o para otros. En el budismo se utiliza la expresión de mente hábil, que es aquella que evita todas las acciones propensas a causar sufrimiento o remordimiento. El esfuerzo y la intención empleados determinará la carga kármica de la acción.

A diferencia de una regla impuesta por una autoridad, un precepto es una base o guía ética personal. La ética budista se basa en Los Cinco Preceptos:

  • no matar.
  • no tomar lo que no es dado.
  • no mantener una conducta sexual incorrecta: que sea dañina con otros o con uno mismo.
  • no hablar de manera dañina: mentir, rudeza, ostentación, cotilleo/chismorreo, charla vana.
  • no tomar o consumir intoxicantes que alteren negativamente la mente.

Los monjes y monjas budistas por su parte, siguen más de 200 normas de disciplina descritas en detalle en el Vinaya pitaka.

Fuente: Budismo en Wikipedia