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domingo, 17 de abril de 2011

Meditación. La apertura.

"Al igual que ocurre con la respiración, la apertura del corazón nos revela ritmos diferentes, ciclos de miedo, de opresión, de sufrimiento, de luminosidad, de expansión y de alegría... La apertura requiere que nos abramos completamente al momento presente y a todo lo que éste conlleva y exige de nuestra parte la determinación firme de no rechazar el sufrimiento y de aceptar tanto el gozo como el dolor que alberga nuestro corazón.
Pero la apertura no es fácil. Existen sufrimientos que hemos tratado de reprimir y eludir a toda costa a lo largo de nuestra vida y que el proceso de apertura debe sacar inevitablemente a la luz ...
Abrir completamente nuestra mente y nuestro corazón exige una observación muy cuidadosa y desprovista de temor, una actitud que no implica un alejamiento de la experiencia sino, por el contrario, estar plenamente presentes para aprender la verdad que el momento tiene que enseñarnos. Y, para poder abrirnos y observar los niveles más profundos de nuestra mente, debemos desarrollar la capacidad de trabajar con los contenidos de cada experiencia manteniendo, al mismo tiempo, una visión global del proceso de la mente.
Al comienzo, para observar adecuadamente nuestros estados mentales, simplemente debemos permitirles aparecer y desaparecer sin tratar, en modo alguno, de interferir. En ocasiones, observaremos pensamientos, bloqueos o pautas mentales que se repiten una y otra vez. Tal vez se trate de expectativas, de juicios, de sentimientos de culpa, de recuerdos, etc. o quizás asistamos a una especie de teatro interno en el que se representan aspectos de nuestras relaciones, de nuestra capacidad creativa, de nuestra salud o nuestro trabajo... En otras ocasiones, no se trata de pensamientos, en sentido estricto, sino de estados de ánimo y sentimientos persistentes, como miedo, amor, nostalgia,... En la medida en que observamos una y otra vez, descubrimos que el movimiento incesante de estos patrones repetitivos tiene una función defensiva que no es sino la de ocultar ciertas facetas oscuras de nosotros mismos... Por lo general, este tipo de pensamientos se manifiesta cuando no logramos identificar completamente el sentimiento que los impulsa. De este modo, podemos comenzar dándonos cuenta de que nuestra mente está continuamente planificando. Pero, si prestamos una atención más sutil, descubriremos que el sentimiento soterrado que acompaña inevitablemente a todas estas planificaciones es el miedo... Del mismo modo, los pensamientos obsesivos acerca de nuestras relaciones o nuestro trabajo también cesan cuando tomamos conciencia de que están alimentados por el anhelo, el rencor, la tristeza, el amor o cualquier otro sentimiento. Así pues, debemos considerar cada ocasión en la que nuestra mente entra en una de esas pautas repetitivas como una oportunidad para observarla y experimentarla plenamente y, de este modo, penetrar en la misma raíz que la mantiene en movimiento."

"Vipassana. El camino para la meditación interior."
Joseph Goldstein y Jack Kornfield
Edit. Kairós. Barna, 1987

martes, 1 de marzo de 2011

Ser conscientes: la observación.

"Hay una imagen de Swami Satchidananda, ataviado con una larga túnica, en la postura yóguica del árbol, manteniéndose sobre una sola pierna y con las manos unidas sobre la cabeza. No hay nada especialmente extraño en esa imagen salvo que Swami Satchidananda está sobre una tabla de surf que cabalga a lomos de una gigantesca ola. Al pie de la imagen está escrita la siguiente leyenda: "No puedes detener las olas, lo único que puedes es aprender a cabalgar sobre ellas". Esto, precisamente es la meditación. De hecho, no podemos atajar el oleaje del cambio, que constituye, en realidad, la substancia misma de nuestra vida, pero lo cierto es que sí podemos aprender a ir a caballo del cambio, o dicho de otro modo, a ser conscientes y a mantener el equilibrio. Sólo entonces nuestra vida dejará de estar gobernada por el temor y este mismo estado de equilibrio se convertirá en un estilo de vida lleno de paz y de belleza."

"Vipassana. El camino para la meditación inteior"
Goldstein, Joseph y Kornfield, Jack.
Edit. Kairós, Barcelona, 2007


lunes, 21 de febrero de 2011

Cinco obstáculos para la meditación.

El primer obstáculo es el apego, es decir, el deseo de placeres sensoriales, de todo aquello que es satisfactorio para la vista, el oído, el tacto,... o el pensamiento (no olvidemos que éste es el sexto sentido). En sí mismo no hay nada malo en esta tendencia de nuestra naturaleza, nacemos marcados con esos deseos. El problema es que, si aspiramos a sacudirnos de todo lo que resulta instintivo, si buscamos perfeccionar nuestra naturaleza de "hombres", tenemos que derrotar el apego. De sobra comprobamos que la perfección no reside en el apego, pues esto nos conduce siempre a la insatifacción y posteriormente a una nueva búsqueda que llevará a un nuevo apego y así en un círculo que reproduce la rueda del Samsara... Este círculo mantiene nuestra energía atada y no nos permite "ver claramente" la esencia de nuestra vida. Interfiere, engaña y oscurece la lucidez de nuestras mentes. El "Tao Te King" afirma: "El secreto solo se revela ante aquellos ojos que no se hallan empañados poe el apego"
El segundo obstáculo es lo contrario del apego, la aversión. La diferencia con el anterior reside en que es más fácil localizarlo, es más patente, porque el rechazo nos produce incomodidad y dolor. La mente teñida de este estado negativo se cierra a todo lo bueno y acaba tiñendo de negatividad todos los ámbitos de nuestra vida. Y no importa que el objeto de nuestro odio o aversión esté o no presente o incluso que no haya sucedido todavía... El odio se extiende al pasado, al presente y al futuro, cerrando el corazón a todo y a todos. Conviene considerar como parte de la aversión, no solo este gran monstruo llamado odio, sino otros hermanos menores que no por menores resultan menos dañinos: el miedo (al fin y al cabo es 'odio a algo o alguien'. El miedo más intenso es la fobia), el aburrimiento y los prejuicios, que no son más que rechazos hacia algún aspecto de nuestra experiencia. Así pues, si nuestra mente está llena de rechazo, si nos apartamos de la experiencia ¿cómo podremos, entonces, prestar atención o explorar el momento presente con un espíritu de búsqueda de la claridad?
El tercer obstáculo es el sopor, la pereza. Debemos incluir aquí también, la indolencia, la confusión, la opacidad mental, la falta de vitalidad, la somnolencia o el adormecimiento. Cuando estas energías nos asaltan, acaban convirtiéndose en un obstáculo para la meditación.
Lo contrario, la inquietud, es el cuarto obstáculo. La inquietud implica agitación, nerviosismo, ansiedad, preocupación. En definitiva, un mal muy extendido en nuestro tiempo y que nombramos como 'estrés'. Cuando la mente está obsesionada con un pensamiento o cuando salta de una a otra preocupación, nuestra concentración se disipa y resulta imposible la práctica meditativa.
Por último, el quinto obstáculo es la duda. Tal vez sea el más difícil de vencer. ¿Y qué hacer cuando la duda nos asalta y perdemos la confianza? Si esto ocurre, todo está perdido. La duda ataca por todos los frentes y hay que estar siempre prevenido. La 'atención plena' se hace necesaria para defender la confianza en nosotros mismos, en nuestros maestros y en la propia enseñanza. En nuestra tradición occidental (y católica...) usamos una expresión que explica en sentido postivo la necesidad de vencer este obstáculo: "La fe mueve montañas". La única diferencia con respecto al dharma es que esa "fe" se refiere a creer en lo que no se ve; y la enseñanza del Buda se dirige más bien a 'reconocer' - ver claramente - aquello que tenemos delante de nuestros ojos y que constituye nuestra experiencia vital. No es tanto 'fe' como 'confianza'.

Notas tomadas libremente del libro
"Vipassana. El camino para la meditación interior",
de Goldstein, Joseph y Kornfield, Jack.
Edit. Kairós. Barcelona, 2007