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martes, 9 de enero de 2018

Letanía del ciego que ve

[...]
Que si alguien, de repente, vino para arrancarme
cuanto sembré y planté llorando por las nubes,
me torne en nube yo, me torne en planta,
que sean aún semillas mis dos ojos
en los ojos sin lágrimas del perro.

Que si hay enfermedad sirva para curarme,
sea sólo el inicio de mi renacimiento.
Que si beso y parece que el labio sabe a muerte,
amor venza a la muerte en ese beso.
Que si rindo mi mente y detengo mis pasos,
que si cierro la boca para decirte todo,
y dejo de rozar tu carne ya sembrada,
que si cierro los ojos y venzo sin luchar
(victoria en la que nada soy ni obtengo),
te tenga a ti, silencio de la cumbre,
o a ese sol abatido que es la nieve,
donde la nada es todo.
Que respirar en paz la música no oída
sea mi último deseo, pues sabed
que, para quien respira
en paz, ya todo el mundo
está dentro de él y en él respira.

Que si insiste la muerte,
que si avanza la edad, y todo y todos
a mi alrededor parecen ir marchándose deprisa,
me venza el mundo al fin en esa luz
que restalla.
Y su fuego me vaya deshaciendo como llama
de vela: con dulzura, despacio, muy despacio,
como giran arriba extasiados los planetas.


De "Tiempo y abismo" (1999-2002), Antonio Colinas

martes, 12 de diciembre de 2017

Donde habite el olvido

Ya hemos dicho en otras ocasiones que tenemos nuestros místicos zen. He aquí un ejemplo más, en este poema, poderoso de fondo y forma, de Luis Cernuda. Resulta conmovedor que estos versos terminen casi con las mismas palabras que el sutra supremo del Zen, Maka Hanya Haramita Singyo (sutra del Corazón o de la Sabiduría), compuesto por el místico Najaryuna entre el siglo I y II de nuestra Era.
Donde habite el olvido, 
en los vastos jardines sin aurora; 
donde yo sólo sea 
memoria de una piedra sepultada entre ortigas 
sobre la cual el viento escapa a sus insomnios. 

Donde mi nombre deje 
al cuerpo que designa en brazos de los siglos, 
donde el deseo no exista. 

En esa región donde el amor, ángel terrible, 
no esconda como acero 
en mi pecho su ala, 
sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento. 

Allá donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya, 
sometiendo a otra vida su vida, 
sin más horizonte que otros ojos frente a frente. 

Donde penas y dichas no sean más que nombres, 
cielo y tierra nativos en tomo de un recuerdo; 
donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo, 
disuelto en niebla, ausencia, 
ausencia leve como carne de niño. 
Allá., allá lejos; 

donde habite el olvido.  

 "Donde habite el olvido", 
del libro "Los placeres prohibidos" (1931)


Luis Cernuda (Sevilla, 1902- México, 1963)


viernes, 8 de julio de 2016

La vida es sueño.

Dejando por ahora a Unamuno, que llegó a la conclusión de que nuestra existencia no era otra cosa sino el sueño de Dios ("San Manuel Bueno, mártir"), nuestro Calderón de la Barca supo condensar poéticamente la filosofía budista de la vida como sueño o ilusión samsárica, en el soberbio soliloquio de Segismundo:

"Sueña el rico en su riqueza, 
que más cuidados le ofrece; 
sueña el pobre que padece 
su miseria y su pobreza; 
sueña el que a medrar empieza, 
sueña el que afana y pretende, 
sueña el que agravia y ofende, 
y en el mundo, en conclusión, 
todos sueñan lo que son, 
aunque ninguno lo entiende. 

 Yo sueño que estoy aquí 
destas prisiones cargado, 
y soñé que en otro estado 
más lisonjero me vi. 
¿Qué es la vida? Un frenesí. 
¿Qué es la vida? Una ilusión, 
una sombra, una ficción, 
y el mayor bien es pequeño: 
que toda la vida es sueño, 
y los sueños, sueños son."

viernes, 13 de mayo de 2016

Yo no soy yo. Juan Ramón Jiménez


Yo no soy yo.
Soy este
que va a mi lado sin yo verlo,
que, a veces, voy a ver,
y que, a veces olvido.
El que calla, sereno, cuando hablo,
el que perdona, dulce, cuando odio,
el que pasea por donde no estoy,
el que quedará en pie cuando yo muera. 

Eternidades (1918)
Juan Ramón Jiménez (1981-1958)

jueves, 23 de mayo de 2013

Juan Ramón Jiménez. Plenitud de conciencia amadora.

Juan Ramón Jiménez es un ejemplo de búsqueda constante de la 'plenitud' del ser. Desde la  temprana experiencia traumática de la muerte de su padre, JRJ encontrará en el arte (en este caso la poesía) un método de meditación y una vía de diálogo consigo mismo, de encuentro con Dios, con la Eternidad, con la Belleza, para intentar trascender la limitación del yo. Sus versos, desde el artificio y adorno modernista, se van convirtiendo en desnudez esencializadora, en pura 'intelijencia' capaz de mostrar 'el nombre exacto de las cosas', hasta descubrir, al final de su camino vital, la luz del conocimiento. Este poema es uno de los que mejor representan ese descubrimiento. Dice en él que, sin nosotros saberlo, somos Uno con lo Eterno, con la Belleza, con la Virtud; que esa Unidad es conciencia amadora; y que en esa identidad del yo reside el misterio de la plenitud (que viene a ser iluminación, satori).
[ Parece imposible negar en esta madurez del Premio Nobel JRJ, la influencia de la filosofía budista, o por lo menos ciertas ideas comunes con el hinduismo, que probablemente le llegaran a través de su esposa, Zenobia Camprubí, de origen hindú (y traductora de Rabindranah Tagore...) ]

"Y en este pozo estabas antes tú
con la flor, con la golondrina, el toro
y el agua; con la aurora
en un llegar carmín de vida renovada;
con el poniente, en un huir de oro de gloria.
En este pozo diario estabas tú conmigo,
conmigo niño, joven, mayor, y yo me ahogaba
sin saberte, me ahogaba sin pensar en ti.
Este pozo que era, sólo y nada más ni menos,
que el centro de la tierra y de su vida.

Y tú eras en el pozo májico el destino
de todos los destinos de la sensualidad hermosa
que sabe que el gozar en plenitud
de conciencia amadora,
es la virtud mayor que nos trasciende.

Lo eras para hacerme pensar que tú eras tú,
para hacerme sentir que yo era tú,
para hacerme gozar que tú eras yo,
para hacerme gritar que yo era yo
en el fondo de aire en donde estoy,
donde soy animal de fondo de aire,
con alas que no vuelan en el aire,
que vuelan en la luz de la conciencia
mayor que todo el sueño
de eternidades e infinitos
que están después, sin más que ahora yo, del aire.

"Animal de fondo" (1949),
Juan Ramón Jiménez (1881-1958)

lunes, 20 de mayo de 2013

Vencer a Maya.

5. ¿Cómo podré, ¡oh, hermano!, renunciar a Maya?
Cuando deshice el nudo de mis cintas todavía se me quedó más sujeto el vestido; cuando me quité el vestido,
aún me cubrían el cuerpo sus pliegues.
Y así, cuando abandono mis pasiones, mi cólera persiste.
Y cuando renuncio a la cólera aún queda la envidia.
Y cuando venzo a la envidia todavía persisten mi vanidad y mi orgullo.
Cuando el espíritu se libera, arrojando a Maya, aún se queda prendido en la letra.
Kabir dice:Óyeme bien, querido Sadhu: la verdadera senda no es fácil de encontrar.
Poemas.
Kabir (1398 ó 1400-1518)

 V
 I. 63. avadhû, mâyâ tajî na jây

TELL me, Brother, how can I renounce Maya?
When I gave up the tying of ribbons, still I tied my garment about me:
When I gave up tying my garment, still I covered my body in its folds.
So, when I give up passion, I see that anger remains;
And when I renounce anger, greed is with me still;
And when greed is vanquished, pride and vainglory remain;
When the mind is detached and casts Maya away, still it clings to the letter.
Kabîr says, "Listen to me, dear Sadhu! the true path is rarely found."

Versión inglesa (1915), 
Rabindranath Tagore (1861-1941)

jueves, 16 de mayo de 2013

Alimentar el sufrimiento.

Soneto XIII

A Dafne ya los brazos le crecían
y en luengos ramos vueltos se mostraban;
en verdes hojas vi que se tornaban
los cabellos que al oro oscurecían;

de áspera corteza se cubrían
los tiernos miembros que aun bullendo estaban;
los blancos pies en tierra se hincaban
y en torcidas raíces se volvían.

Aquel que fue la causa de tal daño,
a fuerza de llorar, crecer hacía
este árbol, que con lágrimas regaba.

¡Oh miserable estado, oh mal tamaño,
que con llorarla crezca cada día
la causa y la razón por que lloraba! 
 
       Garcilaso de la Vega (1501-1536)

Apolo y Dafne. Bernini (1598-1680)

sábado, 28 de abril de 2012

San Juan de la Cruz. Místico (¿y zen?).

"Para venir a gustarlo todo, 
no quieras tener gusto en nada. 
Para venir a poseerlo todo, 
no quieras poseer algo en nada. 
Para venir a serlo todo, 
no quieras ser algo en nada. 
Para venir a saberlo todo, 
no quieras saber algo en nada. 
Para venir a lo que no gustas, 
has de ir por donde no gustas. 
Para venir a lo que no sabes, 
has de ir por donde no sabes. 
Para venir a lo que no posees, 
has de ir por donde no posees. 
Para venir a lo que no eres, 
has de ir por donde no eres.
...
En esta desnudez halla el espíritu su quietud y descanso, porque, no codiciando nada, nada le fatiga hacia arriba y nada le oprime hacia abajo, porque está en el centro de su humildad. Porque, cuando algo codicia, en eso mismo se fatiga."

San Juan de la Cruz (Fontiveros, 1542-Úbeda, 1591)
"Subida del Monte Carmelo", Libro I, cap. 13 (Cliquea el título para ver)

Fragmento del vídeo 
"La sonora soledad de Juan de Yepes" (Cliquea el título para ver)

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Un koan... de Ortega y Gasset.

"Lo que nos pasa es que no sabemos lo que nos pasa."

Desconozco en qué contexto dijera Ortega y Gasset (1883-1955) esta frase, tan parecida a un koan, pero es fácil reconocer en ella uno de los principios del pensamiento budista: que la ignorancia es el origen del sufrimiento. La ignorancia significa no ser consciente del origen de nuestro sufrimiento, ese "no saber lo que nos pasa," en palabras de Ortega. Su contrario, la sabiduría, significa tomar consciencia de ese origen. El Buda histórico nos lo explicó con la sencillez, la humildad y la compasión que solo pueden venir de una mente y un corazón iluminados: la Desdicha reside en la propia ignorancia, el apego (deseo) y el odio (rechazo). El hombre tiene que saber además que es posible evitarla. Y que no es una aventura desmesurada y extrema, sino un camino medio, de sencillez y equilibrio, accesible para cualquiera: el Noble Óctuple Sendero.
Sin duda, Ortega y Gasset conocía los prinicpios del Budismo. Cuando lanzó su frase, ¿quería, cual inimaginable maestro zen, que indagáramos en nosotros mismos para poner en evidencia nuestra ignorancia y obligarnos a encontrar el camino de salvación?
No era zen, está claro... Pero sí filósofo, amante de la sabiduría.
Le estamos muy agradecidos.