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viernes, 3 de junio de 2016

Una cita a vuelapluma.

"Hay trabajos que parece que despiertan el pensamiento, y uno de ellos es empujar una carretilla. Al cabo de algún tiempo no se nota si uno lleva el carretón, o si es el carretón el que le lleva a uno. Así en la vida, muchas veces, no se sabe si es uno el que empuja los acontecimientos o si son los acontecimientos los que le arrastran a uno."

Pío Baroja.
La lucha por la vida. III Aurora Roja.

viernes, 13 de mayo de 2016

Yo no soy yo. Juan Ramón Jiménez


Yo no soy yo.
Soy este
que va a mi lado sin yo verlo,
que, a veces, voy a ver,
y que, a veces olvido.
El que calla, sereno, cuando hablo,
el que perdona, dulce, cuando odio,
el que pasea por donde no estoy,
el que quedará en pie cuando yo muera. 

Eternidades (1918)
Juan Ramón Jiménez (1981-1958)

jueves, 23 de mayo de 2013

Juan Ramón Jiménez. Plenitud de conciencia amadora.

Juan Ramón Jiménez es un ejemplo de búsqueda constante de la 'plenitud' del ser. Desde la  temprana experiencia traumática de la muerte de su padre, JRJ encontrará en el arte (en este caso la poesía) un método de meditación y una vía de diálogo consigo mismo, de encuentro con Dios, con la Eternidad, con la Belleza, para intentar trascender la limitación del yo. Sus versos, desde el artificio y adorno modernista, se van convirtiendo en desnudez esencializadora, en pura 'intelijencia' capaz de mostrar 'el nombre exacto de las cosas', hasta descubrir, al final de su camino vital, la luz del conocimiento. Este poema es uno de los que mejor representan ese descubrimiento. Dice en él que, sin nosotros saberlo, somos Uno con lo Eterno, con la Belleza, con la Virtud; que esa Unidad es conciencia amadora; y que en esa identidad del yo reside el misterio de la plenitud (que viene a ser iluminación, satori).
[ Parece imposible negar en esta madurez del Premio Nobel JRJ, la influencia de la filosofía budista, o por lo menos ciertas ideas comunes con el hinduismo, que probablemente le llegaran a través de su esposa, Zenobia Camprubí, de origen hindú (y traductora de Rabindranah Tagore...) ]

"Y en este pozo estabas antes tú
con la flor, con la golondrina, el toro
y el agua; con la aurora
en un llegar carmín de vida renovada;
con el poniente, en un huir de oro de gloria.
En este pozo diario estabas tú conmigo,
conmigo niño, joven, mayor, y yo me ahogaba
sin saberte, me ahogaba sin pensar en ti.
Este pozo que era, sólo y nada más ni menos,
que el centro de la tierra y de su vida.

Y tú eras en el pozo májico el destino
de todos los destinos de la sensualidad hermosa
que sabe que el gozar en plenitud
de conciencia amadora,
es la virtud mayor que nos trasciende.

Lo eras para hacerme pensar que tú eras tú,
para hacerme sentir que yo era tú,
para hacerme gozar que tú eras yo,
para hacerme gritar que yo era yo
en el fondo de aire en donde estoy,
donde soy animal de fondo de aire,
con alas que no vuelan en el aire,
que vuelan en la luz de la conciencia
mayor que todo el sueño
de eternidades e infinitos
que están después, sin más que ahora yo, del aire.

"Animal de fondo" (1949),
Juan Ramón Jiménez (1881-1958)

sábado, 8 de diciembre de 2012

Beckett: el absurdo y el zen.

"El absurdo beckettiano es el equivalente al absurdo iluminador del koan zen, que lleva al silencio, y desde el silencio, preámbulo de la nada, conduce al adepto a una revelación. Nada menos podía esperarse de un hombre que hizo del silencio su lenguaje" (Isaí Moreno en "Film: el no-film de Samuel Beckett")
Desde luego, es tentador comparar con el zen el intento destructor del ego por parte de Beckett. Pero de tal comparación no podemos obtener más que diferencias profundas e insalvables. La principal - y fundamental - reside en el concepto de hombre y realidad, y en el sentido de la vida: mientras para Beckett la vida es un sinsentido, un absurdo en definitiva, para el budismo la vida del hombre es la oportunidad de realizar la iluminación, es decir, por medio de la sabiduría y la compasión alcanzar la liberación del samsara, de los engaños de los sentidos.
En Beckett solo encontramos el uso desintegrador del lenguaje. Parece decirnos: "puesto que el yo egocéntrico se hace fuerte en la palabra y encuentra su identidad en el lenguaje, desmontemos esa patraña". Pero no lo hace para buscar alternativa a la inexistencia del yo, sino para poner de manifiesto el sinsentido de la vida y de ahí el absurdo. El budismo (y el zen como variante), en cambio, una vez reconocida la ilusión samsárica del yo, reinterpreta el mundo y la vida en términos éticos que dan sentido a la existencia y la trasciende. Mientras el pensamiento nihilista beckettiano conduce a la inacción que encontramos en la espera absurda de Vladimir y Estragón en "Esperando a Godot" o la inanición-autodestrucción del género humano de "Final de partida", el recto pensamiento budista y el conocimiento correcto lleva a considerar la vida como un encuentro con 'nuestros semejantes=Todo' en un intento compasivo por conseguir  la budeidad, que es perfección porque es trascendencia: liberación de la raíz del sufrimiento aquí y ahora (en esta existencia), en una ininterrumpida creación de energía, más allá del espacio-tiempo (karma).

domingo, 25 de noviembre de 2012

Una religión antropocéntrica.

Bajo la aparente incoherencia de ese título se esconde una verdad profunda: el budismo no cree en ningún dios, sino en el Hombre. El Budha nos enseñó que los miedos y la ignorancia atávicos solo pueden ser derrotados con el recto conocimiento recto pensamiento, por medio de la meditación. Este trabajo de "limpieza" interior (esfuerzo, concentración y atención plena) nos permitirá descubrir nuestra verdadera naturaleza, que no reside en ningún origen ni destino divino, sino en nosotros mismos, en nuestra preciosa existencia como hombres, formando parte de un Universo sin principio ni fin, eternamente impermanente, porque, como la ciencia ha dicho, la energía ni se crea ni se destruye. Encontrar el sentido de la existencia humana pasa por esta toma de conciencia. Y, acto seguido, admitir con humildad que nuestros actos (no solo los físicos, sino también los mentales), nuestras palabras y nuestros medios (y modos) de vida establecen poderosas relaciones causa-efecto, un karma que hará posible la armonía de cada hombre consigo mismo, con sus semejantes, con su mundo más inmediato y en definitiva con el Universo, al que pertenece.

jueves, 31 de mayo de 2012

Los ocho temores internos.

He aquí las ocho negatividades internas que conducen al sufrimiento propio y ajeno.

1. Orgullo.
2. Ignorancia.
3. Odio.
4. Celos.
5. Sostener teorías erróneas.
6. Apego.
7. Avaricia.
8. Duda.

Evitarlos (al menos evitarlos) es nuestra lucha diaria.
¿De qué manera? Ese es el camino personal que cada uno debe descubrir.
Pero parece bastante cierto que la purificación se ha de hacer en una fuente con tres caños: 
el de la acción, el de la palabra y el del pensamiento.
¿Y cómo se llega a esa fuente?
Por el camino medio de la sabiduría y la compasión
y su noble óctuple sendero.
Por el camino que eligió san Juan de La Cruz
en su Subida al Monte Carmelo.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Apagar la mente. Meditación con símbolos Reiki.

Ya sabemos las diferencias entre Samatha y Vipassana; ya sabemos los obstáculos que hay que superar (apego, aversión, pereza, ansiedad, duda, según Dokusho Villalba) y las actitudes que debemos fomentar para una correcta meditación (corporal-estabilidad-; emocional-ecuanimidad-; mental-objetividad-; espiritual-apertura-). Y, efectivamente, sabemos que en la base de toda meditación hay una actitud corporal, un primer dominio (el del cuerpo) mediante la postura adecuada  y el control de la respiración (prana). Lo saben bien los que practican yoga. Para el maestro yogui Svatmarana,  en su “Hatha Yoga Pradipika”, la postura ideal era siddhasana; la que nos ofrece el Buda histórico es padmasana; la que nos proponen los zen, con su “shikan taza”, es rigurosa..., un fin en sí misma (y entendemos muy coherente ese fin). La insistencia en la postura como punto de partida es importante porque, ahora que ya sabemos algunas cosas, debemos reconocer una última (primera) verdad: que no meditamos con la mente, sino con el cuerpo, que lo que pretendemos precisamente es parar la mente para que nos permita ver el fondo, la realidad del ser en sí mismo, sin prejuicios, sin dualismos, nuestra auténtica naturaleza, limpia, sin contaminar.

    En este camino de meditación, la conexión con la energía Reiki del símbolo maestro Dai-Koo-Myo abrirá los canales y puntos energéticos, armonizará todo nuestro sistema (físico, emocional, mental y espiritual) y posibilitará la auténtica sanación de todas las impurezas, porque lo hará a nivel kármico. Basta simplemente con haber sido iniciado en Reiki, o lo que es lo mismo, haber recibido los símbolos en una transmisión directa maestro-alumno por medio del reiju, y hacer realidad después, mediante la práctica diaria, ese potencial que se ha abierto en nosotros. Con cada uno de los símbolos y de las sucesivas iniciaciones iremos accediendo a un nivel superior de conciencia (interiorización) y de práctica (actuación). Por medio de la meditación con los símbolos iremos potenciando las beneficios de esta energía, no solo para nuestro propio bien, sino para el de todo aquello que forme parte de nuestra vida, que es Todo (porque también hemos aprendido que vivimos conectados, sin límites de espacios ni tiempos; lo que llamamos “espacio” y “tiempo” no dejan de ser creaciones de nuestro intelecto para poder medir lo inconmensurable...)

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[Manual de Reiki Usui, III. 
Propio.]

viernes, 9 de marzo de 2012

El recto entendimiento del yo, la impermanencia y la compasión.

El recto entendimiento (o comprensión correcta) es uno de los ocho rayos de la rueda del dharma. El recto entendimiento hay que enfocarlo hacia todas las cosas que nos pasan y hacemos en la vida, porque en cada palabra, cada pensamiento y cada acción estamos acumulando karma. Y el karma lo es  en el camino hacia la liberación.
Una de esas direcciones hacia las que tenemos que enfocar el recto entendimiento es hacia la impermanencia para tomar conciencia de  que eso que cada uno de nosotros llama su "yo" no es otra cosa que una invención de la mente para tratar de definirnos (de la manera más errónea): marcando diferencias con los otros y con el mundo. Porque es verdad que tener un nombre, una dirección, una profesión, ser autor de... propietario de... ser de tal sitio... hijo de... padre de... amigo de... nos da una apariencia de identidad. De este modo, nos vamos identificando con esas propiedades y cualidades y roles sociales, familiares, sicológiocos y nos parece estar configurados sólidamente, crecer y madurar. Pero un día, por ley de la impermanencia, nos sorprende la enfermedad o el infortunio (o ninguna de las dos cosas: simplemente, la naturaleza impermanente...) y nos arrebata alguna de nuestras hermosas cualidades o "propiedades" y quedamos a la deriva, náufragos ficticios - por equivocados; ¡pero tan atormentados! - de nosotros mismos...
El recto entendimiento nos permitirá ser conscientes de que nuestro auténtico ser no es el revestido de apegos, que nos diferencia y nos aleja de los demás, sino precisamente lo contrario: el desnudo, limpio, auténtico yo que nos identifica con los otros y que nos permite vernos en los demás. Porque realmente somos lo que somos, seres humanos, solo cuando nos miramos en ese espejo de nosotros mismos que son nuestros semejantes, con los mismos miedos, los mismos afanes, los mismos apegos... que nos desarman de odios y rencores, y nos hacen perdonar, y nos llenan de compasión y de solidaridad.
Esta parece ser, penetrando la meditación con recto entendimiento, la palabra clave: nuestros semejantes. En realidad, nuestros iguales, nuestra propia imagen. No habrá más yo de verdad que este. Somos Uno y Todos al mismo tiempo. Vacuidad, que es  "transparencia", sin forma, por ausencia o vacío de apegos-engaños de los sentidos, y Esencia, en el encuentro-identificación con nuestros iguales,  con su transparencia.
Solo actuando en nuestro día a día con este recto entendimiento podremos mejorar  karma, no ya el particular, sino el de todos, para conseguir realizarnos como los preciosos seres humanos que somos. Y  está claro que no puede ser en solitario; uno, en solitario - en soledad - no es más que falacia. La auténtica justicia, libertad, felicidad, realización, Iluminación..., no pueden ser realizados individualmente - no serían más que vanos conceptos filosóficos o culturales, apegos, falacias - , sino en el Todo, en comunidad con los demás, en la sabiduría y la compasión. 

martes, 28 de febrero de 2012

La rueda del Dharma, hoy.

Si hay un sistema ideológico y ético acorde con el mundo actual, ese es el Budismo. Al cabo de casi dos mil quinientos años, este sistema, que es de pensamiento (filosofía, psicología, ciencia...) pero también de acción (ética) se nos revela como el único instrumento o "método" para conseguir hacernos mejores y más felices. Y lo hace comprometido con el presente individual y colectivo de cada hombre, en su aquí y ahora, a través de la práctica cotidiana de dos únicos principios: la sabiduría y la compasión. Sabiduría, que no es ni inteligencia/razonamiento ni conocimientos, sino la visión clara y el pensamiento correcto de la esencia del mundo, de la raíz de la vida, no solo de la del hombre, sino la de todo el universo; compasión, que no es compadecimiento, ni empatía con el sufrimiento de los demás, sino afán de remediar ese sufrimiento por medio de la palabra, la acción y el modo de vida correcto. No hay más. Las dos ruedas que harán avanzar a la humanidad hacia su máxima realización son esas, resumidas en el mani padme; movidas, claro, por el esfuerzo, la atención y la concentración, potencias de la mente cultivadas en la meditación. Todo eso es la Gran Rueda del Dharma, la enseñanza del Bhuda: el Budismo de ayer, hoy.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Vida.

El soneto de José Hierro es muy conocido. Dice así:

Después de todo, todo ha sido nada,
a pesar de que un día lo fue todo.
Después de nada, o después de todo
supe que todo no era más que nada.

Grito «¡Todo!», y el eco dice «¡Nada!».
Grito «¡Nada!», y el eco dice «¡Todo!».
Ahora sé que la nada lo era todo,
y todo era ceniza de la nada.

No queda nada de lo que fue nada.
(Era ilusión lo que creía todo
y que, en definitiva, era la nada.)

Qué más da que la nada fuera nada
si más nada será, después de todo,
después de tanto todo para nada.

José Hierro (1922-2002)



martes, 13 de julio de 2010

Mantras. El poder sanador de los sonidos.

En el génesis de todo está el sonido.
1. En nuestra tradición judeo-cristiana Dios decide poner orden en el caos y lo hace con el sonido de su Palabra, con su voz: " Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz." (Génesis, I, 3). Más tarde, san Juan insiste en que " En el principio era el Verbo..." (Jn. 1:1-3). También en los Vedas lo primigenio es la palabra oral, no solo porque todo el conocimiento védico fue de transmisión oral inicialmente, sino porque la magia de la oralidad está presente en este libro milenario en forma de mantras o dharanis. Cantar, pronunciar esos sonidos, independientemente de su significado - si es que lo tienen, pues ya no es "palabra" lo que importa, sino "sonido" - procura el bienestar sanador para el hombre, o la protección. Ya en 1954 Mircea Elíade explicó estos "sonidos místicos" en su libro "Inmortalidad y libertad" (pág 207 y siguientes). Y Anodea Judith, a propósito de una de las divinidades de los Vedas, Sarasvati, dice de manera muy poética: "De su unión [con Brahma] salió el sonido y se propagó por todo el vacío y lo llenó. Y el sonido se hizo uno, y el sonido se hizo muchos, y el sonido se hizo la rueda que gira y hace girar los mundos en la danza de la vida... Está en tu aliento, está en tu corazón, está en el viento... Está en tu propia mente, en el ritmo de todos y cada uno de tus pensamientos. De un solo sonido han emergido todos... pero todo retornará a uno solo. Y este sonido es AOM... Aaaaaaaaa-ooooooooo-mmmmmmmmmmmmm" (A propósito del visudha, en Nueva guía de los chakras).
2. A veces el sonido no es el de la palabra, sino el de la música. Filósofos como Pitágoras (científico, matemático y místico...) elaboraron refinadas teorías para explicar el funcionamiento armónico del Universo y lo hicieron en base a "la música de las esferas" y a la proporción de sus tonalidades) ¿Tal vez a Pitágoras le faltó caer en la cuenta de que "como es arriba es abajo", es decir, que el sonido que rige la armonía de los astros es el mismo que rige nuestro propio cuerpo, mente y espíritu? Pero no vamos a recriminarle que no fuera capaz de explicar la estructura atómica de la materia con sus neutrones y protones y sus electrones girando alrededor y emitiendo ondas con cadencia y compás según el tipo de materia... Ni adelantarse a la concepción holística de la New Age...
3. Efectivamente, la última tendencia de la medicina, la llamada cuántica, nos explica - ¡ya han tardado! - que el Universo está compuesto por una masa de partículas sub-atómicas llamadas cuantos, que, ya en forma de ondas, ya en forma de radiaciones electromagnéticas están en movimiento continuo y son los responsables de los procesos de creación y desintegración de la materia. El Dr. Mitchell Gaynor (oncólogo norteamericano) dice en su libro "Sonidos que Curan", que el sonido influye en el proceso de curación alterando las funciones celulares mediante efectos energéticos, de tal manera, que los sistemas biológicos funcionen con más homeostasis, calmando la mente y con ello relajando el cuerpo físico. A la vez altera las emociones que influyen en los neurotransmisores y neuropéptidos, que ayudan a regular el sistema inmunitario. “Por lo tanto la música, el sonido organizado, tiene potentes efectos emocionales que estimulan recuerdos, asociaciones y estados psicológicos altamente desarrollados con un claro impacto en nuestros sistemas de curación” (Citado por Samuel Soriano en su tesis "Budismo y vibración") . O sea, que tenían razón los sacerdotes-médicos egipcios cuando hace más de 2.000 años hablaban de la energía "Heka", y los chinos cuando explicaban los meridianos del cuerpo, y los yoguis hindúes cuando hablaban de los chakras o ruedas de energía sutil. Pero ha tenido que venir Estein y la medicina cuántica para que empezáramos a dar crédito a esta herencia milenaria ... Somos así. En cualquier caso, bien está si definitivamente nos ayuda a entender lo que habíamos olvidado: el poder sanador de la voz, de los cantos armónicos.


"Por medio de la intención encauzada y empleando el máximo de resonadores posible dentro del cuerpo y el cráneo, es posible amplificar los armónicos (los tonos parciales que componen la voz) o sobretonos del tono fundamental que se está cantando. Esos armónicos se perciben como tonos por encima del bordón bajo (nota fundamental de la voz) en forma de tonos nítidos similares al sonido de una flauta o al tintineo de las campanas. El “canto de la voz grave” de los monjes del Tíbet y los mongoles, que pocos occidentales dominan, crea un bordón fundamental secundario, ya sea en la faringe o en las falsas cuerdas vocales, que permite la amplificación de un segundo armónico, configurando un total de cuatro sonidos simultáneos. Al emitirlos se configura una onda muy poderosa que actúa en diversos niveles. Los tonos fundamentales o bajos de la voz actúan principalmente sobre el cuerpo físico, mientras que los armónicos, que podríamos denominar el arco iris de la voz, actúan sobre los cuerpos sutiles. Estos sobretonos, como si de rayos láser se tratara, disuelven y dispersan las cristalizaciones de energía potencialmente dañinas del aura, evitando así que alcancen el cuerpo físico.
También los instrumentos acústicos como el didjeridu, los cuencos tibetanos, gongs, campanas, ... operarán del mismo modo que lo hace la voz, pues todos ellos poseen armónicos audibles. Sin embargo, la voz es mucho más poderosa pues transmite la intencionalidad de un modo más directo de lo que se consigue a través de cualquier instrumento. Los instrumentos e ingenios electrónicos no poseen todo el registro de armónicos y, en consecuencia, tienen un potencial terapéutico muy limitado. " (Tomado de TodoTerapias)

En esto consiste el "misterioso" y auténtico poder sanador de los mantras. No en vano Mantra significa "liberación de la mente"... y tiene un carácter protagonista en el libro por antonomasia del budismo tibetano, el "Bardo-Thodol", donde se habla de "La Gran Liberación por la Audición".


(Más información en este lugar
y en este blog)