Mostrando entradas con la etiqueta Lecturas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lecturas. Mostrar todas las entradas

domingo, 2 de junio de 2019

Lo que la muerte enseña

Resultado de imagen de ostaseski
"Reflexionar sobre la muerte puede tener una repercusión profunda y positiva no sólo sobre la forma en la que vayamos a morir, sino también sobre cómo vivamos. A la luz de la muerte, es fácil distinguir entre las tendencias que nos dirigen hacia la integridad y las que nos inclinan hacia la separación y el sufrimiento. La palabra integridad (wholeness en inglés) está relacionada con los términos “santo” y “salud” (también en inglés), pero no constituye una unidad vaga y homogénea. Se expresa mejor como interconexión. Cada célula de nuestros cuerpos forma parte de un todo orgánico e interdependiente que debe funcionar en armonía a fin de mantener una buena salud. De modo semejante, todos y todo existen en una constante interacción de relaciones que resuena a través de todo el sistema, afectando a todas las demás partes. Cuando emprendemos una acción que ignora esta básica verdad, sufrimos y creamos sufrimiento. Cuando vivimos siendo conscientes de ella, apoyamos la totalidad de la vida y somos apoyados por ella.


Nuestros hábitos vitales tienen un poderoso impulso que nos lanza hacia el momento de nuestra muerte. Surge la pregunta evidente: ¿Qué hábitos queremos crear? Nuestros pensamientos no son inocuos. Los pensamientos se manifiestan como acciones que, a su vez, se desarrollan en hábitos, y, al cabo, nuestros hábitos fraguan en carácter. Nuestra relación inconsciente con los pensamientos puede dar forma a nuestras percepciones, provocar reacciones y predeterminar nuestra relación con los acontecimientos de nuestra vida. Podemos superar la inercia de estos patrones haciéndonos conscientes de nuestras opiniones y de nuestras creencias y lográndolo, realizamos una opción consciente de poner en duda esas tendencias habituales. Las opiniones y los hábitos rígidos silencian nuestras mentes y nos inclinan a vivir la vida en piloto automático. Las preguntas abren nuestras mentes y expresan el dinamismo implícito en la condición humana. Una buena pregunta tiene corazón, porque surge de un profundo amor a descubrir lo que es verdad. Nunca sabremos quiénes somos ni por qué estamos aquí si no nos planteamos preguntas incómodas. Sin un recordatorio de la muerte, tendemos a no valorar la vida perdiéndonos a menudo en inacabables búsquedas de autosatisfacción. Cuando mantenemos la muerte al alcance de la mano, ella nos recuerda que no nos amarremos demasiado fuerte a la vida. Quizá que nos tomemos a nosotros mismos y a nuestras ideas un poco menos en serio. Que nos dejemos llevar un poco más fácilmente. Cuando reconocemos que la muerte nos llega a todos, comprendemos que todos estamos juntos en el mismo barco. Esto nos ayuda a ser un poco más amables y mejores los unos con los otros."


"Las cinco invitaciones. Lo que la muerte enseña", de Frank Ostaseski. 2017
Tomado de Nirakara

Vídeo conferencia

martes, 9 de enero de 2018

Biografía del silencio.


"En mi opinión, nos inventamos los estados de ánimo en una gran medida. Somos responsables de nuestro estar bien o estar mal. Esas prolongaciones artificiales de las emociones pueden controlarse y hasta abortarse gracias a la meditación, cuyo propósito real, tal y como yo lo entiendo, es enseñar a vivir la vida real, no la ficticia.
¿Las emociones? No son más que la combinación de determinadas sensaciones corporales con determinados pensamientos. ¿El estado anímico? Una emoción más o menos prolongada. Las emociones y estados anímicos tienen su propio funcionamiento, pero, si nos lo proponemos, nosotros somos infinitamente más poderosos que ellos. Podemos no secundar una emoción; podemos hacer frente a un estado de ánimo. Podemos crear el estado de ánimo que deseemos. Podemos escoger qué papel representar en la función o, incluso, no representar ninguno y asistir a ella cual espectadores."

Biografía del silencio.
Pablo d'Ors.
Ed. Siruela, 2015

viernes, 14 de julio de 2017

Bardo Thodol y psicoanálisis freudiano

"Hasta aquí el Bardo Thödol, como también lo piensa el Dr.Evans-Wentz, es un proceso iniciático cuya finalidad es restaurar en el alma la divinidad que aquélla perdió al nacer. Ahora bien, es una característica de la literatura religiosa oriental que la enseñanza empieza invariablemente con el tópico más importante, con los principios últimos y supremos que, entre nosotros llegarían últimos, como por ejemplo en Apuleyo, donde Lucius es adorado como Helios sólo recién al final. En consecuencia, en el Bardo Thödol , la iniciación es una serie de clímaxes en disminución, que terminan con el renacimiento en el útero. El único “proceso iniciático” que aún vive y se practica hoy en día en Occidente es el análisis del inconsciente como lo emplean los doctores con fines terapéuticos. Esta penetración en los estamentos de la consciencia es una suerte de mayéutica racional en el sentido socrático, una manifestación del contenido psíquico que es todavía germinal, subliminal e incluso innacido. Originalmente, esta terapia tomó la forma del psicoanálisis freudiano y  se preocupó principalmente de las fantasías sexuales. Este es el reino que corresponde a la región última y más baja del Bardo, conocida como el Sidpa Bardo, donde el difunto, incapaz de aprovechar las enseñanzas del Chikhai Bardo y del Chdnyid Bardo, empieza a caer presa de fantasías sexuales y es atraído por la visión de parejas que copulan. A su tiempo, es atrapado por un útero y nace nuevamente en el mundo terreno. Mientras tanto, como es dable esperar, comienza a funcionar el complejo de Edipo. Si su karma le destina a renacer como hombre, se enamorará de su futura madre, y hallará odioso y repulsivo a su padre. A la inversa, la futura hija será acentuadamente atraída por su futuro padre, y se sentirá repelida respecto de su madre. El europeo atraviesa este dominio específicamente freudiano cuando su contenido inconsciente es traído a la luz bajo el análisis, pero marcha en dirección inversa. Viaja hacia atrás a través del mundo de la fantasía infanto-sexual hasta el útero. Incluso se ha sugerido en círculos psicoanalíticos que el trauma por excelencia es la experiencia natal misma, y es más, hasta hay psicoanalistas que afirman haber comprobado retroactivamente recuerdos de origen intrauterino. Aquí la razón occidental llega a su límite, lamentablemente. Digo “lamentablemente” porque uno más bien desea que el psicoanálisis freudiano pudiese haber proseguido felizmente estas denominadas experiencias intrauterinas mucho más atrás todavía; si hubiese logrado buen éxito en esta audaz empresa, con seguridad habría salido más allá del Sidpa Bardo y penetrado por detrás en los tramos inferiores del Chanyid Bardo. Es cierto que con el equipo de nuestras ideas biológicas existentes tal aventura no habría sido coronada por el triunfo; necesitaríase un género totalmente diferente de preparación filosófica del basado en postulados científicos corrientes. Pero si ese viaje hacia atrás se hubiese proseguido coheren- temente, sin duda habría conducido al postulado de una existencia pre-uterina, una verdadera vida en el Bardo, si sólo hubiese sido posible hallar por lo menos algún vestigio de un sujeto de la experiencia. Tal como ocurrió, los psicoanalistas nunca trascendieron las huellas puramente conjeturales de las experiencias intrauterinas, y hasta el famoso “trauma del nacimiento” ha seguido siendo una evidente perogrullada que ya no puede explicar nada, como tampoco lo puede la hipótesis de que la vida es una enfermedad con un mal pronóstico porque su resultado es siempre fatal. El psicoanálisis freudiano, en todos los aspectos esenciales, jamás fue más allá de las experiencias del Sidpa Bardo; esto es, no fue capaz de desembarazarse de las fantasías sexuales y de similares tendencias “incompatibles” que causan ansiedad y otros estados afectivos. No obstante, la teoría de Freud es el primer intento efectuado por Occidente para investigar, como si fuese desde abajo, desde la esfera animal del instinto, desde el territorio psíquico que corresponde, en el Lamaísmo tántrico, al Sida Bardo. Un muy justificable temor por la metafísica impidió a Freud penetrar en la esfera de lo “oculto”. Además de esto, el estado Sidpa, si hemos de aceptar la psicología del Sidpa Bardo, se caracteriza por el fiero viento del karma, que hace girar al difunto hasta que éste llega a la “puerta del útero”. En otras palabras, el estado Sidpa no permite volver atrás, porque está sellado respecto del estado Chónyid por un pujar intenso hacia abajo, hacia la esfera animal del instinto y del renacimiento físico. Vale decir, cualquiera que penetre en el inconsciente con postulados puramente biológicos se adherirá a la esfera instintiva y no podrá avanzar más allá de ella, pues será jalado una y otra vez, hacia atrás, hacia la existencia física." 
C. Jung. "Comentario al Bardo Thödol".

¿Quién es Dios?

He aquí unas breves palabras de C. Jung de su comentario al Bardo Thodol:

"En el Bardo Thödol es acentuadamente perceptible que aclara al difunto la primacía del alma, pues eso es lo único que la vida no nos aclara. Estamos tan cercados por las cosas que nos empujan y oprimen que nunca tenemos oportunidad, en medio de todas estas cosas “dadas” de preguntarnos por quién son “dadas”. El difunto se libera de este mundo de cosas “dadas”; y el fin de la instrucción es ayudarle en pos de esa liberación. Si nos ponemos en su lugar, obtendremos con ello una no menor recompensa, puesto que desde los primeros párrafos mismos aprendemos que el “dador” de todas las cosas “dadas” habita dentro de nosotros. Esta es una verdad que frente a toda evidencia, tanto en las cosas más grandes como en las más pequeñas, jamás se conoce, aunque a menudo es para nosotros tan sumamente necesario, en verdad tan sumamente vital, que la conozcamos."

Comentario al Bardo Thodol, de C. Jung

"El Libro Tibetano de los Muertos, o el Bardo Thödol, es un libro de instrucciones para los difuntos y los moribundos. Como El Libro Egipcio de los Muertos, tiende a ser una guía del difunto en el período de su existencia en el Bardo, descrita simbólicamente como un estado intermedio de cuarenta y nueve días de duración entre la muerte y el renacimiento. El texto divídese en tres partes. La primera parte, llamada Chikhai Bardo, describe los acontecimientos psíquicos del momento de la muerte. La segunda parte, o Chónyid Bardo, trata sobre el estado onírico que sobreviene inmediatamente después de la muerte, y sobre las llamadas “ilusiones kármicas”. La tercera parte, o Sidpa Bardo, concierne al asalto del instinto natal y de los acontecimientos prenatales. Es característico que la intuición y la iluminación supremas, y por ende la máxima posibilidad de alcanzar la liberación, confiérense durante el proceso real de morir. Inmediatamente después, comienzan las “ilusiones” que, a su tiempo, conducen a la reencarnación, a las luces iluminativas que se tornan cada vez más débiles y variadas, y a las visiones terroríficas en constante incremento. Este descenso ilustra la enajenación de la consciencia respecto de la verdad liberadora al aproximarse cada vez más al renacimiento físico. El propósito de la instrucción es fijar la atención del difunto, en cada etapa sucesiva de ilusión y engaño, sobre la siempre presente posibilidad de la liberación, y explicarle la naturaleza de sus visiones. El lama recita el texto del Bardo Thödol en presencia del cadáver."

viernes, 8 de julio de 2016

La vida es sueño.

Dejando por ahora a Unamuno, que llegó a la conclusión de que nuestra existencia no era otra cosa sino el sueño de Dios ("San Manuel Bueno, mártir"), nuestro Calderón de la Barca supo condensar poéticamente la filosofía budista de la vida como sueño o ilusión samsárica, en el soberbio soliloquio de Segismundo:

"Sueña el rico en su riqueza, 
que más cuidados le ofrece; 
sueña el pobre que padece 
su miseria y su pobreza; 
sueña el que a medrar empieza, 
sueña el que afana y pretende, 
sueña el que agravia y ofende, 
y en el mundo, en conclusión, 
todos sueñan lo que son, 
aunque ninguno lo entiende. 

 Yo sueño que estoy aquí 
destas prisiones cargado, 
y soñé que en otro estado 
más lisonjero me vi. 
¿Qué es la vida? Un frenesí. 
¿Qué es la vida? Una ilusión, 
una sombra, una ficción, 
y el mayor bien es pequeño: 
que toda la vida es sueño, 
y los sueños, sueños son."

Los sueños.

"Antes de la iluminación, la naturaleza verdadera del individuo está ensombrecida por la ignorancia básica de la que surge la mente conceptual. Atrapada en la visión dual, la mente conceptual fragmenta la unidad indivisible de la experiencia en unidades conceptuales y se relaciona con estas proyecciones mentales como si existieran por sí mismas como seres y cosas diferentes. El dualismo primario divide la experiencia en el yo y lo otro, y debido a que nos identificamos sólo con un aspecto de la experiencia -el yo-, se desarrollan las preferencias. Esto trae como resultado el surgimiento de la aversión y del deseo, los cuales se vuelven la base de las acciones físicas y mentales. Estas acciones (karmas) dejan huellas en la mente individual, que se convierten en tendencias de condicionamiento, que generan más codicia y aversión, las cuales, a su vez, engendran nuevas huellas kármicas, y así sucesivamente. Eso es lo que constituye el ciclo del karma que se perpetúa constantemente a sí mismo.
Durante el sueño, la mente se aleja del mundo sensorial. Las huellas kármicas estimuladas por las causas secundarias, necesarias .para su manifestación, tienen una fuerza o energía llamada prana kármico. Como el caballo y el jinete en la analogía, la mente 'cabalga' en el prana kármico hasta el centro energético del cuerpo relacionado con la huella kármica activada. Ello significa que la conciencia se concentra en un chakra en particular.
En este juego de mente, energía y significado, la conciencia ilumina y es afectada a su vez por las huellas kármicas y" las cualidades del reino asociado. El prana kármico es la energía del sueño, la fuerza vital, mientras que la mente se mueve con la manifestación específica de las huellas kármicas, incluyendo color, luz, emoción e imágenes, para formar una historia significativa que es el sueño. Este es el proceso que genera un sueño samsárico."

"El yoga de los sueños. Manual práctico para realizarlos mientras dormimos"
Ed. Pax México. México, 2004


Se puede leer y descargar aquí.

jueves, 7 de julio de 2016

La liberación de las emociones

"La mejor respuesta a las emociones negativas es permitir que se liberen a sí mismas, permaneciendo en la conciencia no dual, libres de ambición y aversión. Si podemos hacer eso, la emoción pasa a través de nosotros como un pájaro que vuela por el espacio: no deja ningún rastro. La emoción surge y luego se disuelve espontáneamente en el vacío. En este caso, la semilla kármica se manifiesta, sea como una emoción o como una sensación en el cuerpo, o bien como un impulso hacia una conducta en particular; pero como no respondemos con ambición o aversión, no se genera ninguna semilla de karma futuro. Por ejemplo, cada vez que la envidia surge y se disuelve en la conciencia, sin que nos volvamos presas de ella o tratemos de reprimirla, la fuerza de la tendencia kármica hacia la envidia se debilita; no hay nuevas acciones que la refuercen. Al liberar las emociones de esa manera, se corta el karma desde su raíz. Es como quemar las semillas kármicas antes de que tengan la oportunidad de crecer y manifestarse como problemas en nuestra vida.

Podría uno preguntarse por qué es mejor liberar la emoción que producir karma positivo. La respuesta es que todas las huellas kármicas nos constriñen, nos restringen en identidades particulares. La meta del camino es la liberación total de todo condicionamiento. Esto no significa que una vez que uno está liberado, la compasión y otros rasgos positivos no estarán presentes; de hecho, lo están. Pero cuando ya no estamos manejados por las tendencias kármicas, podemos ver nuestra situación claramente y responder de manera espontánea y apropiada, en lugar de ser empujados en una u otra dirección.
[...]
Si bien permitir que la emoción se libere a sí misma es la mejor forma de responder, resulta difícil hacerlo sin tener antes una práctica desarrollada y estable. Pero independientemente de cómo sea nuestra práctica ahora, podemos decidir parar por un momento cuando la emoción aparezca, entrar en contacto con nosotros mismos y elegir actuar de la mejor manera posible. Podemos aprender a suavizar la fuerza del impulso de los hábitos kármicos. Podemos usar el proceso conceptual para recordar que la emoción que vivenciamos es, simplemente, el fruto de huellas kármicas anteriores.


"El yoga de los sueños. Manual práctico para realizarlos mientras dormimos"
Ed. Pax México. México, 2004
Se puede leer y descargar aquí.

viernes, 3 de junio de 2016

Biografía del silencio

"En la meditación hay algo que, una vez que se ha apoderado de ti, es difícil de erradicar. También es difícil saber con precisión de qué se trata. Es como si hubiéramos nacido para estar sentados en silencio; o como si hubiéramos nacido para acompañar la propia respiración, o para repetir incesante y lentamente una jaculatoria, en la esperanza de llegar algún día a disolvernos en ella."
Biografía del silencio.
Pablo d'Ors.
Ed. Siruela, 2015

martes, 31 de mayo de 2016

La síntesis del zen.

"El espíritu y el cuerpo son una sola y misma cosa, como las dos caras de una hoja de papel. En la vida cotidiana no se pueden separar. Algunas personas prefieren lo espiritual, otras lo material. Si se quiere comprender hay que encontrar la vía de enmedio. Lo espiritual es material y lo material se vuelve espiritual.
El espíritu existe en cada una de nuestras células y, finalmente, el espíritu es el cuerpo, el cuerpo es el espíritu. Está también la actividad, la energía, que no son dualistas.
La vía de enmedio lo integra todo. La dimensión más alta es mushotoku, la vía de enmedio. El Zen es la vía de enmedio. Pero no hay que equivocarse sobre esta palabra «enmedio». No podemos elegir entre material y espiritual. Debemos abarcar los dos. Ambos son como el haz y el envés de una misma hoja. Ésta es la razón por la que el Zen es tan difícil de comprender.
La vía de enmedio es una vía que está más allá. Los razonamientos europeos se presentan siempre así:
tesis, antitesis, síntesis.
Lo material es la tesis, lo espiritual la antitesis.
El Zen, la vía de enmedio, es la síntesis."

Deshimaro, Taisen: 
"Preguntas a un maestro zen"

viernes, 13 de mayo de 2016

Yo no soy yo. Juan Ramón Jiménez


Yo no soy yo.
Soy este
que va a mi lado sin yo verlo,
que, a veces, voy a ver,
y que, a veces olvido.
El que calla, sereno, cuando hablo,
el que perdona, dulce, cuando odio,
el que pasea por donde no estoy,
el que quedará en pie cuando yo muera. 

Eternidades (1918)
Juan Ramón Jiménez (1981-1958)

viernes, 6 de mayo de 2016

Deshimaru

Deshimaru.- [...] Descartes dijo: «Pienso, luego existo». Yo digo: «No pienso, luego existo». Si se hacen categorías, si se piensa demasiado, nuestra propia conciencia queda encerrada en los límites de nuestro pensamiento. Nuestra conciencia es profunda como el cosmos, está en relación con él. Si no se piensa, la conciencia se vuelve eterna, cósmica. Esto es muy importante. Durante el zazen, si se piensa, no se puede alcanzar la conciencia cósmica, porque uno mismo se limita, y así no se puede alcanzar lo ilimitado."
Discípulo.- Pero, se piense o no se piense, se existe. Para mí ambas actitudes son importantes. ¿Cuál es la principal para usted?
Deshimaru.- Si no se piensa se existe eternamente, porque en ese momento la conciencia es ilimitada, eterna, continúa hasta Dios, hasta Buda, hasta el cosmos, hasta la verdad. Si no hay ego, no hay dualidad. Si hay un «yo» y un «los demás», hay dualidad. Si no hay «yo», tampoco hay «los demás». Esto es el no-pensamiento. No debéis limitar vuestros pensamientos con palabras, con frases. Si hacéis categorías personales, las palabras no concuerdan con la verdad. Los europeos crean siempre categorías con el vocabulario y a veces se encuentran en un callejón sin salida. Cuando pregunto "¿Qué es esto?», la última respuesta es «Esto es esto». «¿Qué es esto?» «Un kyosaku.» Pero también se puede responder: «Es madera», es igualmente verdadero. «¿Qué es esto?» «Encina»; esta respuesta no es errónea. Las discusiones son siempre así en el Zen. Una persona dice: «La llama de la vela se mueve». Otra responde: «No es la llama, es el viento». Otra más inteligente añade: «No es la llama ni el viento, es vuestro espíritu». Debéis comprender por qué los demás no sois vosotros. Si no experimento, no puedo explicar. Yo no soy los demás. Soy quien soy. Yo soy yo. No hay necesidad de seguir a los demás.
Hay muchas maneras de decirlo: «Yo soy yo». «No debo seguir a los demás. Debo decidir por mí
mismo. Los demás no soy yo.» Esto es verdad, pero por otra parte mi espíritu y vuestro espíritu tienen la misma sustancia. Soy parecido al cielo y a la tierra. Si lo abandonamos todo, podemos convertirnos en los demás. Esto es el abandono del ego. No cometáis errores. Este es el koan de los champiñones del Maestro Dogen.
[...]
Deshimaru, Taisen.
"Preguntas a un maestro zen"

miércoles, 16 de marzo de 2016

Biografía del silencio.

"Las soluciones que damos a algunos problemas aparentes son siempre completamente inútiles, puesto que son también aparentes. Es así como vamos de falsos problemas en falsos problemas, y de falsas soluciones en falsas soluciones. Destruimos la punta del iceberg y creemos que nos hemos liberado del iceberg entero. ¿Quieres conocer tu iceberg? Ésa es la pregunta más interesante… Lo único que hace falta es cierta curiosidad por conocer el propio iceberg. Cuanto más se observa uno a sí mismo, más se desmorona lo que creemos ser y menos sabemos quiénes somos. Hay que mantener esa ignorancia, soportarla, hacerse amigo de ella, aceptar que estamos perdidos y que hemos estado vagando sin rumbo… Hacer meditación es colocarse justamente en ese instante: has sido un vagabundo, pero puedes convertirte en un peregrino. ¿Quieres?"

Biografía del silencio.
Pablo d'Ors.
Ed. Siruela, 2015

miércoles, 10 de febrero de 2016

Biografía del silencio.

"He llegado a estas conclusiones mediante la única pregunta necesaria. ¿quién soy yo? Al intentar responder, me percaté de que cualquier atributo que pusiera a ese "yo soy", cualquiera, pasaba a ser, bien mirado, escandalosamente falso. Porque yo podía decir, por ejemplo, "soy Pablo d'Ors"; pero lo cierto es que también sería quien soy si sustituyera mi nombre por otro. De igual modo, podía decir "soy escritor"; pero, entonces, ¿significaba eso que yo no sería quien de hecho soy si no escribiera?... Cualquier atributo que se ponga al yo, aun el más sublime, resulta radicalmente insuficiente. la mejor definición de mí a la que hasta ahora he llegado es "yo soy". Simplemente. Hacer meditación es recrearse y holgar en ese "yo soy".
Biografía del silencio.
Pablo d'Ors.
Ed. Siruela, 2015

sábado, 6 de febrero de 2016

Biografía del silencicio.

"Despertar es descubrir que estamos en una cárcel. Pero despertar es también descubrir que esa cárcel no tiene barrotes y que, en rigor, no es propiamente una cárcel. ¿Por qué he vivido encerrado en una cárcel que no es tal?, comenzamos entonces a preguntarnos. Y vamos a la puerta. Y salimos. Hacer meditación es ese momento en el que salimos. Es descubrir que la puerta no ha estado nunca cerrada, que eres tú quien la hace cerrado con doble vuelta de llave. esa puerta no es  tal. Te la has inventado. "La puerta sin puerta" es una expresión típicamente zen que me hace pensar en que buenamente de lo que vivimos es puramente ilusorio.

De modo que deja ya de mirar esa puerta que has cerrado, levántate y ábrela. Mejor aún: levántate y date cuenta de que ahí nunca ha habido puerta alguna.

Conviene estudiar muy despacio el material del que están hechos los barrotes con los que construimos nuestras cárceles. Y hay que estudiar también el proceso por el que se construyen esos barrotes. Es así, por medio de este estudio, como se posibilita ese chispazo o intuición gracias a la que uno se libera. Para vivir en la realidad, debemos demoler los sueños que nos han encarcelado. nuestros sueños no son por lo general verdaderamente nuestros: los tomamos prestados, los fabricamos con un material poco fiable. Investiguemos o no en nuestras vidas, casi todos los sueños terminarán por desmoronarse precisamente porque no son nuestros."

Biografía del silencio.
Ed. Siruela, 11ª ed., 2015

viernes, 5 de febrero de 2016

Biografía del silencio.

"Ser consciente consiste en contemplar los pensamientos. La conciencia es la unidad consigo mismo. Cuando soy consciente, vuelvo a mi casa; cuando pierdo la conciencia, me alejo, quién sabe adónde. Todos los pensamientos e ideas nos alejan de nosotros mismos. Tú eres lo que queda cuando desaparecen tus pensamientos."
Pablo d'Ors
Biografía del silencio. 
Ed. Siruela. 11ª edición, 2015

martes, 23 de julio de 2013

El arte de la felicidad. El entrenamiento de la mente.

Dalai Lama y Howard C. Cutler
"No hay actividad que no se torne más fácil gracias al entrenamiento constante. Podemos cambiar, transformarnos a través del entrenamiento. En la práctica budista existen varios métodos para mantener una mente serena cuando sucede algo perturbador. La práctica repetida de ellos nos permite llegar a un punto en el que los efectos negativos de una perturbación no pasen más allá del nivel superficial de nuestra mente, como las olas que agitan la superficie del océano pero que no tienen gran efecto en sus profundidades. y aunque mi experiencia sea escasa, he descubierto que eso es cierto. Por tanto, si recibo una noticia trágica, es posible que experimente alguna perturbación en la mente, pero ésta desaparece muy rápidamente. O quizá me sienta irritado y manifieste enfado, pero siempre se disipa con rapidez. Eso es lo que se logra mediante la práctica gradual. No olvidemos que no es algo que se consiga de la noche a la mañana."

Dalai Lama y Howard C. Cutler.
Grijalbo Mondadori, 1999

viernes, 21 de junio de 2013

El arte de la felicidad. Nuestra naturaleza fundamental.

Dalai Lama en meditaión.
Colección Manuel Bauer 
"- Si nuestra naturaleza esencial es amable y compasiva -pregunté-, ¿cómo explica todos los conflictos y comportamientos agresivos que nos rodean? 
El Dalai Lama asintió, con gesto reflexivo, antes de contestar.
-Naturalmente, no podemos pasar por alto el hecho de que los conflictos y las tensiones existen, no sólo dentro del individuo, sino también en la familia, en nuestras relaciones, nuestro país y el mundo. Así pues, al abordar esta situación, algunas personas llegan a la conclusión de que la naturaleza humana es básicamente agresiva. Quizá miren la historia humana y sugieran que, en comparación con otros mamíferos, el comportamiento humano es mucho más agresivo. O quizá admitan: «Sí, la compasión forma  parte de nosotros, pero la cólera también. Ambas constituyen una parte de nuestra naturaleza, ambas se encuentran 
más o menos al mismo nivel». A pesar de todo -siguió diciendo con firmeza, adelantando la cabeza, tenso y alerta-, sigo estando convencido de que la naturaleza humana es esencialmente compasiva y bondadosa. Ésa es la característica predominante. La cólera, la violencia y la agresividad pueden surgir, ciertamente, pero creo que se producen en un nivel secundario y más superficial; en cierto modo brotan cuando nos sentimos frustrados en nuestros esfuerzos por lograr amor y afecto. No forman parte de nuestra naturaleza básica."

Dalai Lama y Howard C. Cutler.
Grijalbo Mondadori, 1999

viernes, 7 de junio de 2013

El arte de la felicidad. Disciplina.

"Creo que el comportamiento ético es otra característica de la clase de disciplina interna que conduce a una existencia más feliz. A eso podríamos llamarlo disciplina ética. Los grandes maestros espirituales, como Buda, nos aconsejan  realizar acciones sanas y evitar las que no lo sean, lo cual depende del grado de disciplina mental. Una mente disciplinada conduce a la felicidad y una mente indisciplinada al sufrimiento; de hecho, imponer disciplina en la propia mente es la esencia misma de la enseñanza de Buda. 
Al hablar de disciplina, me estoy refiriendo a autodisciplina, no a la que se nos impone externamente."

Dalai Lama y Howard C. Cutler.
Grijalbo Mondadori, 1999

jueves, 23 de mayo de 2013

Juan Ramón Jiménez. Plenitud de conciencia amadora.

Juan Ramón Jiménez es un ejemplo de búsqueda constante de la 'plenitud' del ser. Desde la  temprana experiencia traumática de la muerte de su padre, JRJ encontrará en el arte (en este caso la poesía) un método de meditación y una vía de diálogo consigo mismo, de encuentro con Dios, con la Eternidad, con la Belleza, para intentar trascender la limitación del yo. Sus versos, desde el artificio y adorno modernista, se van convirtiendo en desnudez esencializadora, en pura 'intelijencia' capaz de mostrar 'el nombre exacto de las cosas', hasta descubrir, al final de su camino vital, la luz del conocimiento. Este poema es uno de los que mejor representan ese descubrimiento. Dice en él que, sin nosotros saberlo, somos Uno con lo Eterno, con la Belleza, con la Virtud; que esa Unidad es conciencia amadora; y que en esa identidad del yo reside el misterio de la plenitud (que viene a ser iluminación, satori).
[ Parece imposible negar en esta madurez del Premio Nobel JRJ, la influencia de la filosofía budista, o por lo menos ciertas ideas comunes con el hinduismo, que probablemente le llegaran a través de su esposa, Zenobia Camprubí, de origen hindú (y traductora de Rabindranah Tagore...) ]

"Y en este pozo estabas antes tú
con la flor, con la golondrina, el toro
y el agua; con la aurora
en un llegar carmín de vida renovada;
con el poniente, en un huir de oro de gloria.
En este pozo diario estabas tú conmigo,
conmigo niño, joven, mayor, y yo me ahogaba
sin saberte, me ahogaba sin pensar en ti.
Este pozo que era, sólo y nada más ni menos,
que el centro de la tierra y de su vida.

Y tú eras en el pozo májico el destino
de todos los destinos de la sensualidad hermosa
que sabe que el gozar en plenitud
de conciencia amadora,
es la virtud mayor que nos trasciende.

Lo eras para hacerme pensar que tú eras tú,
para hacerme sentir que yo era tú,
para hacerme gozar que tú eras yo,
para hacerme gritar que yo era yo
en el fondo de aire en donde estoy,
donde soy animal de fondo de aire,
con alas que no vuelan en el aire,
que vuelan en la luz de la conciencia
mayor que todo el sueño
de eternidades e infinitos
que están después, sin más que ahora yo, del aire.

"Animal de fondo" (1949),
Juan Ramón Jiménez (1881-1958)