"Y cuando entres al Zendo y cruces la puerta, no creas que estás entrando al Zendo, no sabes lo que es este cuarto. Y cuando camines, no sólo hagas una meta el llegar a tu asiento, no estés pensando "voy a mi asiento". Tal vez nunca logres ir tan lejos, realmente no lo sabes..." (Zoketsu Norman Fischer)
[...] Que si alguien, de repente, vino para arrancarme cuanto sembré y planté llorando por las nubes, me torne en nube yo, me torne en planta, que sean aún semillas mis dos ojos en los ojos sin lágrimas del perro.
Que si hay enfermedad sirva para curarme, sea sólo el inicio de mi renacimiento. Que si beso y parece que el labio sabe a muerte, amor venza a la muerte en ese beso. Que si rindo mi mente y detengo mis pasos, que si cierro la boca para decirte todo, y dejo de rozar tu carne ya sembrada, que si cierro los ojos y venzo sin luchar (victoria en la que nada soy ni obtengo), te tenga a ti, silencio de la cumbre, o a ese sol abatido que es la nieve, donde la nada es todo.
Que respirar en paz la música no oída sea mi último deseo, pues sabed que, para quien respira en paz, ya todo el mundo está dentro de él y en él respira.
Que si insiste la muerte, que si avanza la edad, y todo y todos a mi alrededor parecen ir marchándose deprisa, me venza el mundo al fin en esa luz que restalla. Y su fuego me vaya deshaciendo como llama de vela: con dulzura, despacio, muy despacio, como giran arriba extasiados los planetas.
Ya hemos dicho en otras ocasiones que tenemos nuestros místicos zen. He aquí un ejemplo más, en este poema, poderoso de fondo y forma, de Luis Cernuda. Resulta conmovedor que estos versos terminen casi con las mismas palabras que el sutra supremo del Zen, Maka Hanya Haramita Singyo (sutra del Corazón o de la Sabiduría), compuesto por el místico Najaryuna entre el siglo I y II de nuestra Era.
Donde habite el olvido, en los vastos jardines sin aurora; donde yo sólo sea memoria de una piedra sepultada entre ortigas sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.
Donde mi nombre deje al cuerpo que designa en brazos de los siglos, donde el deseo no exista.
En esa región donde el amor, ángel terrible, no esconda como acero en mi pecho su ala, sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.
Allá donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya, sometiendo a otra vida su vida, sin más horizonte que otros ojos frente a frente.
Donde penas y dichas no sean más que nombres, cielo y tierra nativos en tomo de un recuerdo; donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo, disuelto en niebla, ausencia, ausencia leve como carne de niño. Allá., allá lejos; donde habite el olvido. "Donde habite el olvido",
El trabajo con la sombra es una buena medicina que nos encamina hacia la búsqueda de una vida auténtica, lo que algunos llamarían llevar una existencia íntegra. Para ello deberemos enfrentamos a nuestro personalidad hipócrita (nuestra sombra) para poder decir -cuando nos hallemos postrados en nuestro lecho de muerte próximos al encuentro con el Hacedor- que hicimos cuanto pudimos de la mejor manera posible. Como dijo Gandhi: «El único diablo que existe en el mundo mora en nuestro propio corazón. Es ahí, a fin de cuentas, donde debemos librar nuestra más decisiva batalla».
Dejando por ahora a Unamuno, que llegó a la conclusión de que nuestra existencia no era otra cosa sino el sueño de Dios ("San Manuel Bueno, mártir"), nuestro Calderón de la Barca supo condensar poéticamente la filosofía budista de la vida como sueño o ilusión samsárica, en el soberbio soliloquio de Segismundo:
"Hay trabajos que parece que despiertan el pensamiento, y uno de ellos es empujar una carretilla. Al cabo de algún tiempo no se nota si uno lleva el carretón, o si es el carretón el que le lleva a uno. Así en la vida, muchas veces, no se sabe si es uno el que empuja los acontecimientos o si son los acontecimientos los que le arrastran a uno."
"El espíritu y el cuerpo son una sola y misma cosa, como las dos caras de una hoja de papel. En la vida cotidiana no se pueden separar. Algunas personas prefieren lo espiritual, otras lo material. Si se quiere comprender hay que encontrar la vía de enmedio. Lo espiritual es material y lo material se vuelve espiritual.
El espíritu existe en cada una de nuestras células y, finalmente, el espíritu es el cuerpo, el cuerpo es el espíritu. Está también la actividad, la energía, que no son dualistas.
La vía de enmedio lo integra todo. La dimensión más alta es mushotoku, la vía de enmedio. El Zen es la vía de enmedio. Pero no hay que equivocarse sobre esta palabra «enmedio». No podemos elegir entre material y espiritual. Debemos abarcar los dos. Ambos son como el haz y el envés de una misma hoja. Ésta es la razón por la que el Zen es tan difícil de comprender.
La vía de enmedio es una vía que está más allá. Los razonamientos europeos se presentan siempre así:
tesis, antitesis, síntesis.
Lo material es la tesis, lo espiritual la antitesis.
Así es como reinterpreta el budismo zen el tradicional sutra del Corazón o de la Sabiduría, que debió componer Najaryuna a principios de nuestra Era (entre el siglo I y II).
TEXTO
KAN JI ZAI BO SATSU - GYO JIN HAN NYA HA RA MI TA JI - SHO KEN GO ON KAI KU - DO I SSAI KU YAKU - SHA RI SHI - SHIKI FU I KU - KU FU I SHIKI - SHIKI SOKU ZE KU - KU SOKU ZE SHIKI - JU SO GYO SHIKI - YAKU BU NYO ZE - SHA RI SHI - ZE SHO HO KU SO - FU SHO FU METSU - FU KU FU JU - FU SO FU GEN - ZE KO KU CHU - MU SHIKI MU JU SO GYO SHIKI.
MU GEN NI BI ZE SHIN I - MU SHIKI SHO KO MI SOKU HO - MU KEN KAI NAI SHI MU I SHIKI KAI - MU MU MYO YAKU MU MU MYO JIN - NAI SHI MU RO SHI YAKU MU RO SHI JIN - MU KU SHU METSU DO - MU CHI YAKU MU TOKU - I MU SHO TOKU KO - BO DAI SAT TA - E HAN NYA HA RA MI TA KO - SHIN MU KE GE MU KE GE KO - MU U KU FU - ON RI ISSAI TEN DO MU SO.
KU GYO NE HAN - SAN ZE SHO BUTSU - E HAN NYA HA RA MI TA KO - TOKU A NOKU TA RA SAN MYAKU SAN BO DAI KO CHI - HAN NYA HA RA MI TA -ZE DAI JIN SHU - ZE DAI MYO SHU - ZE MU JO SHU - ZE MU TO DO SHU - NO JO ISSAI KU - SHIN JITSU FU - KO KO SETSU HAN NYA HA RA MI TA SHU - SOKU SETSU SHU WATSU.
GYA TEI GYA TEI - HA RA GYA TEI- HARA SO GYA TEI - BO JI SO WA KA.
HAN NYA SHIN GYO
TRADUCCIÓN
Esencia del Sutra de la Gran Sabiduría que permite ir más allá
El bodhisattva de la Verdadera Libertad, por la práctica profunda de la Gran Sabiduría, comprende que el cuerpo y los cinco skandha (sensación, percepción, pensamiento, actividad, conciencia) no son más que vacuidad (ku) y mediante esta comprensión ayuda a todos aquellos que sufren.
¡Oh Sariputra!, los fenómenos no son diferentes del vacío; el vacío no es diferente de los fenómenos. Los fenómenos se vuelven ku; ku se vuelve fenómeno. (La forma es el vacío, el vacío es la forma). Los cinco skandha son también fenómenos.
¡Oh Sariputra!, toda existencia es ku (vacío). No hay nacimiento, ni comienzo, ni pureza, ni mácula, ni crecimiento, ni disminución. Por eso, en ku, no hay ni forma ni skandha, ni ojo, ni oreja, ni naríz, ni lengua, ni cuerpo, ni conciencia. No hay color, ni sonido, ni olor, ni gusto, ni tacto, ni objeto de pensamiento. No hay sabiduría ni ignorancia, ni ilusión ni cese de la ilusión, ni decadencia ni muerte, ni fin de la decadencia ni cese del sufrimiento. No hay conocimiento, ni provecho, ni no provecho.
Para el bodhisattva, gracias a esta sabiduría que conduce más allá, no existe ni el miedo ni el temor. Toda ilusión y todo apego han sido cortados, y puede aprehender el fin último de la vida, el nirvana.
Todos los Budas del pasado, del presente y del futuro pueden alcanzar la comprensión de esta suprema sabiduría que libera del sufrimiento y permite encontrar la realidad.
Este mantra incomparable se dice así: "Vamos, vamos, todos juntos más allá del más allá a la orilla del satori."
Una traducción literal al inglés se puede consultar aquí
(En otras entradas de este blog se pueden escuchar otras versiones, con la etiqueta 'mantra')
Deshimaru.- [...] Descartes dijo: «Pienso, luego existo». Yo digo: «No pienso, luego existo». Si se hacen categorías, si se piensa demasiado, nuestra propia conciencia queda encerrada en los límites de nuestro pensamiento. Nuestra conciencia es profunda como el cosmos, está en relación con él. Si no se piensa, la conciencia se vuelve eterna, cósmica. Esto es muy importante. Durante el zazen, si se piensa, no se puede alcanzar la conciencia cósmica, porque uno mismo se limita, y así no se puede alcanzar lo ilimitado."
Discípulo.- Pero, se piense o no se piense, se existe. Para mí ambas actitudes son importantes. ¿Cuál es la principal para usted?
Deshimaru.- Si no se piensa se existe eternamente, porque en ese momento la conciencia es ilimitada, eterna, continúa hasta Dios, hasta Buda, hasta el cosmos, hasta la verdad. Si no hay ego, no hay dualidad. Si hay un «yo» y un «los demás», hay dualidad. Si no hay «yo», tampoco hay «los demás». Esto es el no-pensamiento. No debéis limitar vuestros pensamientos con palabras, con frases. Si hacéis categorías personales, las palabras no concuerdan con la verdad. Los europeos crean siempre categorías con el vocabulario y a veces se encuentran en un callejón sin salida. Cuando pregunto "¿Qué es esto?», la última respuesta es «Esto es esto». «¿Qué es esto?» «Un kyosaku.» Pero también se puede responder: «Es madera», es igualmente verdadero. «¿Qué es esto?» «Encina»; esta respuesta no es errónea. Las discusiones son siempre así en el Zen. Una persona dice: «La llama de la vela se mueve». Otra responde: «No es la llama, es el viento». Otra más inteligente añade: «No es la llama ni el viento, es vuestro espíritu». Debéis comprender por qué los demás no sois vosotros. Si no experimento, no puedo explicar. Yo no soy los demás. Soy quien soy. Yo soy yo. No hay necesidad de seguir a los demás.
Hay muchas maneras de decirlo: «Yo soy yo». «No debo seguir a los demás. Debo decidir por mí
mismo. Los demás no soy yo.» Esto es verdad, pero por otra parte mi espíritu y vuestro espíritu tienen la misma sustancia. Soy parecido al cielo y a la tierra. Si lo abandonamos todo, podemos convertirnos en los demás. Esto es el abandono del ego. No cometáis errores. Este es el koan de los champiñones del Maestro Dogen.
Ortega y Gasset, en sus "Meditaciones del Quijote", aparte de muchísimas otras ideas sobre la conexión entre los hombres, dice:
"En este sentido considero que es la filosofía la ciencia general del amor: dentro del globo intelectual
representa el mayor ímpetu hacia una omnímoda conexión. Tanto que se hace en ella patente un matiz de diferencia entre el comprender y el mero saber. ¡Sabemos tantas cosas que no comprendemos! Toda la sabiduría de hechos es, en rigor, incomprensiva, y solo puede justificarse entrando al servicio de una teoría."
"No hay actividad que no se torne más fácil gracias al entrenamiento constante. Podemos cambiar, transformarnos a través del entrenamiento. En la práctica budista existen varios métodos para mantener una mente serena cuando sucede algo perturbador. La práctica repetida de ellos nos permite llegar a un punto en el que los efectos negativos de una perturbación no pasen más allá del nivel superficial de nuestra mente, como las olas que agitan la superficie del océano pero que no tienen gran efecto en sus profundidades. y aunque mi experiencia sea escasa, he descubierto que eso es cierto. Por tanto, si recibo una noticia trágica, es posible que experimente alguna perturbación en la mente, pero ésta desaparece muy rápidamente. O quizá me sienta irritado y manifieste enfado, pero siempre se disipa con rapidez. Eso es lo que se logra mediante la práctica gradual. No olvidemos que no es algo que se consiga de la noche a la mañana."
"- Si nuestra naturaleza esencial es amable y compasiva -pregunté-, ¿cómo explica todos los conflictos y comportamientos agresivos que nos rodean?
El Dalai Lama asintió, con gesto reflexivo, antes de contestar.
-Naturalmente, no podemos pasar por alto el hecho de que los conflictos y las tensiones existen, no sólo dentro del individuo, sino también en la familia, en nuestras relaciones, nuestro país y el mundo. Así pues, al abordar esta situación, algunas personas llegan a la conclusión de que la naturaleza humana es básicamente agresiva. Quizá miren la historia humana y sugieran que, en comparación con otros mamíferos, el comportamiento humano es mucho más agresivo. O quizá admitan: «Sí, la compasión forma parte de nosotros, pero la cólera también. Ambas constituyen una parte de nuestra naturaleza, ambas se encuentran
más o menos al mismo nivel». A pesar de todo -siguió diciendo con firmeza, adelantando la cabeza, tenso y alerta-, sigo estando convencido de que la naturaleza humana es esencialmente compasiva y bondadosa. Ésa es la característica predominante. La cólera, la violencia y la agresividad pueden surgir, ciertamente, pero creo que se producen en un nivel secundario y más superficial; en cierto modo brotan cuando nos sentimos frustrados en nuestros esfuerzos por lograr amor y afecto. No forman parte de nuestra naturaleza básica."
"Creo que el comportamiento ético es otra característica de la clase de disciplina interna que conduce a una existencia más feliz. A eso podríamos llamarlo disciplina ética. Los grandes maestros espirituales, como Buda, nos aconsejan realizar acciones sanas y evitar las que no lo sean, lo cual depende del grado de disciplina mental. Una mente disciplinada conduce a la felicidad y una mente indisciplinada al sufrimiento; de hecho, imponer disciplina en la propia mente es la esencia misma de la enseñanza de Buda.
Al hablar de disciplina, me estoy refiriendo a autodisciplina, no a la que se nos impone externamente."
Juan Ramón Jiménez es un ejemplo de búsqueda constante de la 'plenitud' del ser. Desde la temprana experiencia traumática de la muerte de su padre, JRJ encontrará en el arte (en este caso la poesía) un método de meditación y una vía de diálogo consigo mismo, de encuentro con Dios, con la Eternidad, con la Belleza, para intentar trascender la limitación del yo. Sus versos, desde el artificio y adorno modernista, se van convirtiendo en desnudez esencializadora, en pura 'intelijencia' capaz de mostrar 'el nombre exacto de las cosas', hasta descubrir, al final de su camino vital, la luz del conocimiento. Este poema es uno de los que mejor representan ese descubrimiento. Dice en él que, sin nosotros saberlo, somos Uno con lo Eterno, con la Belleza, con la Virtud; que esa Unidad es conciencia amadora; y que en esa identidad del yo reside el misterio de la plenitud (que viene a ser iluminación, satori). [ Parece imposible negar en esta madurez del Premio Nobel JRJ, la influencia de la filosofía budista, o por lo menos ciertas ideas comunes con el hinduismo, que probablemente le llegaran a través de su esposa, Zenobia Camprubí, de origen hindú (y traductora de Rabindranah Tagore...) ]
"Y en este pozo estabas antes tú
con la flor, con la golondrina, el toro
y el agua; con la aurora
en un llegar carmín de vida renovada;
con el poniente, en un huir de oro de gloria.
En este pozo diario estabas tú conmigo,
conmigo niño, joven, mayor, y yo me ahogaba
sin saberte, me ahogaba sin pensar en ti.
Este pozo que era, sólo y nada más ni menos,
que el centro de la tierra y de su vida.
Y tú eras en el pozo májico el destino
de todos los destinos de la sensualidad hermosa
que sabe que el gozar en plenitud
de conciencia amadora,
es la virtud mayor que nos trasciende.
Lo eras para hacerme pensar que tú eras tú,
para hacerme sentir que yo era tú,
para hacerme gozar que tú eras yo,
para hacerme gritar que yo era yo
en el fondo de aire en donde estoy,
donde soy animal de fondo de aire,
con alas que no vuelan en el aire,
que vuelan en la luz de la conciencia
mayor que todo el sueño
de eternidades e infinitos
que están después, sin más que ahora yo, del aire.
5. ¿Cómo podré, ¡oh, hermano!, renunciar a Maya?
Cuando deshice el nudo de mis cintas todavía se me quedó más sujeto el vestido; cuando me quité el vestido,
aún me cubrían el cuerpo sus pliegues.
Y así, cuando abandono mis pasiones, mi cólera persiste.
Y cuando renuncio a la cólera aún queda la envidia.
Y cuando venzo a la envidia todavía persisten mi vanidad y mi orgullo.
Cuando el espíritu se libera, arrojando a Maya, aún se queda prendido en la letra.
Kabir dice:Óyeme bien, querido Sadhu: la verdadera senda no es fácil de encontrar.
TELL me, Brother, how can I renounce Maya?
When I gave up the tying of ribbons, still I tied my garment about me:
When I gave up tying my garment, still I covered my body in its folds.
So, when I give up passion, I see that anger remains;
And when I renounce anger, greed is with me still;
And when greed is vanquished, pride and vainglory remain;
When the mind is detached and casts Maya away, still it clings to the letter.
Kabîr says, "Listen to me, dear Sadhu! the true path is rarely found."
"El absurdo beckettiano es el equivalente al absurdo iluminador del koan zen, que lleva al silencio, y desde el silencio, preámbulo de la nada, conduce al adepto a una revelación. Nada menos podía esperarse de un hombre que hizo del silencio su lenguaje" (Isaí Moreno en "Film: el no-film de Samuel Beckett")
Desde luego, es tentador comparar con el zen el intento destructor del ego por parte de Beckett. Pero de tal comparación no podemos obtener más que diferencias profundas e insalvables. La principal - y fundamental - reside en el concepto de hombre y realidad, y en el sentido de la vida: mientras para Beckett la vida es un sinsentido, un absurdo en definitiva, para el budismo la vida del hombre es la oportunidad de realizar la iluminación, es decir, por medio de la sabiduría y la compasión alcanzar la liberación del samsara, de los engaños de los sentidos.
En Beckett solo encontramos el uso desintegrador del lenguaje. Parece decirnos: "puesto que el yo egocéntrico se hace fuerte en la palabra y encuentra su identidad en el lenguaje, desmontemos esa patraña". Pero no lo hace para buscar alternativa a la inexistencia del yo, sino para poner de manifiesto el sinsentido de la vida y de ahí el absurdo. El budismo (y el zen como variante), en cambio, una vez reconocida la ilusión samsárica del yo, reinterpreta el mundo y la vida en términos éticos que dan sentido a la existencia y la trasciende. Mientras el pensamiento nihilista beckettiano conduce a la inacción que encontramos en la espera absurda de Vladimir y Estragón en "Esperando a Godot" o la inanición-autodestrucción del género humano de "Final de partida", el recto pensamiento budista y el conocimiento correcto lleva a considerar la vida como un encuentro con 'nuestros semejantes=Todo' en un intento compasivo por conseguir la budeidad, que es perfección porque es trascendencia: liberación de la raíz del sufrimiento aquí y ahora (en esta existencia), en una ininterrumpida creación de energía, más allá del espacio-tiempo (karma).