domingo, 2 de junio de 2019

Lo que la muerte enseña

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"Reflexionar sobre la muerte puede tener una repercusión profunda y positiva no sólo sobre la forma en la que vayamos a morir, sino también sobre cómo vivamos. A la luz de la muerte, es fácil distinguir entre las tendencias que nos dirigen hacia la integridad y las que nos inclinan hacia la separación y el sufrimiento. La palabra integridad (wholeness en inglés) está relacionada con los términos “santo” y “salud” (también en inglés), pero no constituye una unidad vaga y homogénea. Se expresa mejor como interconexión. Cada célula de nuestros cuerpos forma parte de un todo orgánico e interdependiente que debe funcionar en armonía a fin de mantener una buena salud. De modo semejante, todos y todo existen en una constante interacción de relaciones que resuena a través de todo el sistema, afectando a todas las demás partes. Cuando emprendemos una acción que ignora esta básica verdad, sufrimos y creamos sufrimiento. Cuando vivimos siendo conscientes de ella, apoyamos la totalidad de la vida y somos apoyados por ella.


Nuestros hábitos vitales tienen un poderoso impulso que nos lanza hacia el momento de nuestra muerte. Surge la pregunta evidente: ¿Qué hábitos queremos crear? Nuestros pensamientos no son inocuos. Los pensamientos se manifiestan como acciones que, a su vez, se desarrollan en hábitos, y, al cabo, nuestros hábitos fraguan en carácter. Nuestra relación inconsciente con los pensamientos puede dar forma a nuestras percepciones, provocar reacciones y predeterminar nuestra relación con los acontecimientos de nuestra vida. Podemos superar la inercia de estos patrones haciéndonos conscientes de nuestras opiniones y de nuestras creencias y lográndolo, realizamos una opción consciente de poner en duda esas tendencias habituales. Las opiniones y los hábitos rígidos silencian nuestras mentes y nos inclinan a vivir la vida en piloto automático. Las preguntas abren nuestras mentes y expresan el dinamismo implícito en la condición humana. Una buena pregunta tiene corazón, porque surge de un profundo amor a descubrir lo que es verdad. Nunca sabremos quiénes somos ni por qué estamos aquí si no nos planteamos preguntas incómodas. Sin un recordatorio de la muerte, tendemos a no valorar la vida perdiéndonos a menudo en inacabables búsquedas de autosatisfacción. Cuando mantenemos la muerte al alcance de la mano, ella nos recuerda que no nos amarremos demasiado fuerte a la vida. Quizá que nos tomemos a nosotros mismos y a nuestras ideas un poco menos en serio. Que nos dejemos llevar un poco más fácilmente. Cuando reconocemos que la muerte nos llega a todos, comprendemos que todos estamos juntos en el mismo barco. Esto nos ayuda a ser un poco más amables y mejores los unos con los otros."


"Las cinco invitaciones. Lo que la muerte enseña", de Frank Ostaseski. 2017
Tomado de Nirakara

Vídeo conferencia

martes, 9 de enero de 2018

Biografía del silencio.


"En mi opinión, nos inventamos los estados de ánimo en una gran medida. Somos responsables de nuestro estar bien o estar mal. Esas prolongaciones artificiales de las emociones pueden controlarse y hasta abortarse gracias a la meditación, cuyo propósito real, tal y como yo lo entiendo, es enseñar a vivir la vida real, no la ficticia.
¿Las emociones? No son más que la combinación de determinadas sensaciones corporales con determinados pensamientos. ¿El estado anímico? Una emoción más o menos prolongada. Las emociones y estados anímicos tienen su propio funcionamiento, pero, si nos lo proponemos, nosotros somos infinitamente más poderosos que ellos. Podemos no secundar una emoción; podemos hacer frente a un estado de ánimo. Podemos crear el estado de ánimo que deseemos. Podemos escoger qué papel representar en la función o, incluso, no representar ninguno y asistir a ella cual espectadores."

Biografía del silencio.
Pablo d'Ors.
Ed. Siruela, 2015

Letanía del ciego que ve

[...]
Que si alguien, de repente, vino para arrancarme
cuanto sembré y planté llorando por las nubes,
me torne en nube yo, me torne en planta,
que sean aún semillas mis dos ojos
en los ojos sin lágrimas del perro.

Que si hay enfermedad sirva para curarme,
sea sólo el inicio de mi renacimiento.
Que si beso y parece que el labio sabe a muerte,
amor venza a la muerte en ese beso.
Que si rindo mi mente y detengo mis pasos,
que si cierro la boca para decirte todo,
y dejo de rozar tu carne ya sembrada,
que si cierro los ojos y venzo sin luchar
(victoria en la que nada soy ni obtengo),
te tenga a ti, silencio de la cumbre,
o a ese sol abatido que es la nieve,
donde la nada es todo.
Que respirar en paz la música no oída
sea mi último deseo, pues sabed
que, para quien respira
en paz, ya todo el mundo
está dentro de él y en él respira.

Que si insiste la muerte,
que si avanza la edad, y todo y todos
a mi alrededor parecen ir marchándose deprisa,
me venza el mundo al fin en esa luz
que restalla.
Y su fuego me vaya deshaciendo como llama
de vela: con dulzura, despacio, muy despacio,
como giran arriba extasiados los planetas.


De "Tiempo y abismo" (1999-2002), Antonio Colinas

martes, 12 de diciembre de 2017

Donde habite el olvido

Ya hemos dicho en otras ocasiones que tenemos nuestros místicos zen. He aquí un ejemplo más, en este poema, poderoso de fondo y forma, de Luis Cernuda. Resulta conmovedor que estos versos terminen casi con las mismas palabras que el sutra supremo del Zen, Maka Hanya Haramita Singyo (sutra del Corazón o de la Sabiduría), compuesto por el místico Najaryuna entre el siglo I y II de nuestra Era.
Donde habite el olvido, 
en los vastos jardines sin aurora; 
donde yo sólo sea 
memoria de una piedra sepultada entre ortigas 
sobre la cual el viento escapa a sus insomnios. 

Donde mi nombre deje 
al cuerpo que designa en brazos de los siglos, 
donde el deseo no exista. 

En esa región donde el amor, ángel terrible, 
no esconda como acero 
en mi pecho su ala, 
sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento. 

Allá donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya, 
sometiendo a otra vida su vida, 
sin más horizonte que otros ojos frente a frente. 

Donde penas y dichas no sean más que nombres, 
cielo y tierra nativos en tomo de un recuerdo; 
donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo, 
disuelto en niebla, ausencia, 
ausencia leve como carne de niño. 
Allá., allá lejos; 

donde habite el olvido.  

 "Donde habite el olvido", 
del libro "Los placeres prohibidos" (1931)


Luis Cernuda (Sevilla, 1902- México, 1963)


viernes, 14 de julio de 2017

Bardo Thodol y psicoanálisis freudiano

"Hasta aquí el Bardo Thödol, como también lo piensa el Dr.Evans-Wentz, es un proceso iniciático cuya finalidad es restaurar en el alma la divinidad que aquélla perdió al nacer. Ahora bien, es una característica de la literatura religiosa oriental que la enseñanza empieza invariablemente con el tópico más importante, con los principios últimos y supremos que, entre nosotros llegarían últimos, como por ejemplo en Apuleyo, donde Lucius es adorado como Helios sólo recién al final. En consecuencia, en el Bardo Thödol , la iniciación es una serie de clímaxes en disminución, que terminan con el renacimiento en el útero. El único “proceso iniciático” que aún vive y se practica hoy en día en Occidente es el análisis del inconsciente como lo emplean los doctores con fines terapéuticos. Esta penetración en los estamentos de la consciencia es una suerte de mayéutica racional en el sentido socrático, una manifestación del contenido psíquico que es todavía germinal, subliminal e incluso innacido. Originalmente, esta terapia tomó la forma del psicoanálisis freudiano y  se preocupó principalmente de las fantasías sexuales. Este es el reino que corresponde a la región última y más baja del Bardo, conocida como el Sidpa Bardo, donde el difunto, incapaz de aprovechar las enseñanzas del Chikhai Bardo y del Chdnyid Bardo, empieza a caer presa de fantasías sexuales y es atraído por la visión de parejas que copulan. A su tiempo, es atrapado por un útero y nace nuevamente en el mundo terreno. Mientras tanto, como es dable esperar, comienza a funcionar el complejo de Edipo. Si su karma le destina a renacer como hombre, se enamorará de su futura madre, y hallará odioso y repulsivo a su padre. A la inversa, la futura hija será acentuadamente atraída por su futuro padre, y se sentirá repelida respecto de su madre. El europeo atraviesa este dominio específicamente freudiano cuando su contenido inconsciente es traído a la luz bajo el análisis, pero marcha en dirección inversa. Viaja hacia atrás a través del mundo de la fantasía infanto-sexual hasta el útero. Incluso se ha sugerido en círculos psicoanalíticos que el trauma por excelencia es la experiencia natal misma, y es más, hasta hay psicoanalistas que afirman haber comprobado retroactivamente recuerdos de origen intrauterino. Aquí la razón occidental llega a su límite, lamentablemente. Digo “lamentablemente” porque uno más bien desea que el psicoanálisis freudiano pudiese haber proseguido felizmente estas denominadas experiencias intrauterinas mucho más atrás todavía; si hubiese logrado buen éxito en esta audaz empresa, con seguridad habría salido más allá del Sidpa Bardo y penetrado por detrás en los tramos inferiores del Chanyid Bardo. Es cierto que con el equipo de nuestras ideas biológicas existentes tal aventura no habría sido coronada por el triunfo; necesitaríase un género totalmente diferente de preparación filosófica del basado en postulados científicos corrientes. Pero si ese viaje hacia atrás se hubiese proseguido coheren- temente, sin duda habría conducido al postulado de una existencia pre-uterina, una verdadera vida en el Bardo, si sólo hubiese sido posible hallar por lo menos algún vestigio de un sujeto de la experiencia. Tal como ocurrió, los psicoanalistas nunca trascendieron las huellas puramente conjeturales de las experiencias intrauterinas, y hasta el famoso “trauma del nacimiento” ha seguido siendo una evidente perogrullada que ya no puede explicar nada, como tampoco lo puede la hipótesis de que la vida es una enfermedad con un mal pronóstico porque su resultado es siempre fatal. El psicoanálisis freudiano, en todos los aspectos esenciales, jamás fue más allá de las experiencias del Sidpa Bardo; esto es, no fue capaz de desembarazarse de las fantasías sexuales y de similares tendencias “incompatibles” que causan ansiedad y otros estados afectivos. No obstante, la teoría de Freud es el primer intento efectuado por Occidente para investigar, como si fuese desde abajo, desde la esfera animal del instinto, desde el territorio psíquico que corresponde, en el Lamaísmo tántrico, al Sida Bardo. Un muy justificable temor por la metafísica impidió a Freud penetrar en la esfera de lo “oculto”. Además de esto, el estado Sidpa, si hemos de aceptar la psicología del Sidpa Bardo, se caracteriza por el fiero viento del karma, que hace girar al difunto hasta que éste llega a la “puerta del útero”. En otras palabras, el estado Sidpa no permite volver atrás, porque está sellado respecto del estado Chónyid por un pujar intenso hacia abajo, hacia la esfera animal del instinto y del renacimiento físico. Vale decir, cualquiera que penetre en el inconsciente con postulados puramente biológicos se adherirá a la esfera instintiva y no podrá avanzar más allá de ella, pues será jalado una y otra vez, hacia atrás, hacia la existencia física." 
C. Jung. "Comentario al Bardo Thödol".

¿Quién es Dios?

He aquí unas breves palabras de C. Jung de su comentario al Bardo Thodol:

"En el Bardo Thödol es acentuadamente perceptible que aclara al difunto la primacía del alma, pues eso es lo único que la vida no nos aclara. Estamos tan cercados por las cosas que nos empujan y oprimen que nunca tenemos oportunidad, en medio de todas estas cosas “dadas” de preguntarnos por quién son “dadas”. El difunto se libera de este mundo de cosas “dadas”; y el fin de la instrucción es ayudarle en pos de esa liberación. Si nos ponemos en su lugar, obtendremos con ello una no menor recompensa, puesto que desde los primeros párrafos mismos aprendemos que el “dador” de todas las cosas “dadas” habita dentro de nosotros. Esta es una verdad que frente a toda evidencia, tanto en las cosas más grandes como en las más pequeñas, jamás se conoce, aunque a menudo es para nosotros tan sumamente necesario, en verdad tan sumamente vital, que la conozcamos."

Comentario al Bardo Thodol, de C. Jung

"El Libro Tibetano de los Muertos, o el Bardo Thödol, es un libro de instrucciones para los difuntos y los moribundos. Como El Libro Egipcio de los Muertos, tiende a ser una guía del difunto en el período de su existencia en el Bardo, descrita simbólicamente como un estado intermedio de cuarenta y nueve días de duración entre la muerte y el renacimiento. El texto divídese en tres partes. La primera parte, llamada Chikhai Bardo, describe los acontecimientos psíquicos del momento de la muerte. La segunda parte, o Chónyid Bardo, trata sobre el estado onírico que sobreviene inmediatamente después de la muerte, y sobre las llamadas “ilusiones kármicas”. La tercera parte, o Sidpa Bardo, concierne al asalto del instinto natal y de los acontecimientos prenatales. Es característico que la intuición y la iluminación supremas, y por ende la máxima posibilidad de alcanzar la liberación, confiérense durante el proceso real de morir. Inmediatamente después, comienzan las “ilusiones” que, a su tiempo, conducen a la reencarnación, a las luces iluminativas que se tornan cada vez más débiles y variadas, y a las visiones terroríficas en constante incremento. Este descenso ilustra la enajenación de la consciencia respecto de la verdad liberadora al aproximarse cada vez más al renacimiento físico. El propósito de la instrucción es fijar la atención del difunto, en cada etapa sucesiva de ilusión y engaño, sobre la siempre presente posibilidad de la liberación, y explicarle la naturaleza de sus visiones. El lama recita el texto del Bardo Thödol en presencia del cadáver."

miércoles, 5 de julio de 2017

Bardos

Cuando las personas hablan sobre el bardo usualmente piensan en el momento siguiente a la muerte. El término, sin embargo, va mucho más allá. Se refiere a cualquier "estado intermedio". Todos los seres experimentan, en su vida entera, tales estados intermedios hasta la iluminación, cuando la mente reconoce su clara luz atemporal. Justo ahora en esta lectura, por ejemplo, estamos en el bardo de estar despiertos - al menos eso espero -. Nos comunicamos con símbolos y palabras, y percibimos el mundo a través de nuestros sentidos. La noche corresponde al bardo del sueño, de la oscuridad y la falta de conciencia. Para aquellos afortunados que conocen la meditación de la clara luz bastante bien, la experiencia es similar a descansar en un océano de luz.

También hay períodos cuando las impresiones guardadas llegan de diferentes formas, como en los sueños. Este es llamado el bardo de los sueños, y probablemente incluye la mayoría de las condiciones inducidas por las drogas. Entonces nos despertamos nuevamente y reanudamos la consciencia despierta. Evidentemente, todo lo mencionado hasta aquí es condicionado y cambiante y no puede ser de beneficio definitivo para todos los seres. Si meditamos, sin embargo, surge un estado que es en esencia clara luz atemporal, una conciencia que no es dependiente de nada. Esta más allá del nacimiento y la muerte, sin ir o venir. Todas las prácticas del Camino del Diamante apuntan a hacer a la consciencia radiante siempre presente. Mientras están vivos, los seres, tanto humanos y animales, se mueven entre los tres bardos anteriores, estar despierto, durmiendo o soñando. Al morir, otros tres bardos aparecen.

Primero, viene el proceso de la muerte como tal. Ya sea una muerte rápida o lenta hay una transformación. Luego, sigue un período donde la mente continúa su fluir habitual de la vida previa. Después de reconocer que uno está realmente muerto, un proceso de reestructuración tiene lugar y, dependiendo del estado dominante, la mente entra en un nuevo reino dentro de los seis niveles de existencia. Siempre ha sido así. De la misma forma como el espacio no tiene comienzo, la mente tampoco tiene punto de partida. Tanto fuera como adentro ha estado constantemente jugando, expresándose y experimentando su riqueza de incontables formas. Estos seis bardos se han alternado siempre; los tres cotidianamente y los tres que siguen cuando los seres no liberados se mueven hacia su próxima vida.

                                                                                                                  Lama Ole Nydahl
                                                                                              Tomado de la web: Oshogulaab


viernes, 26 de mayo de 2017

Me asiento en el silencio...


Entro en el bosque y me asiento en el silencio. 
En torno a mí las inquietudes se sosiegan 
como las ondas sobre la superficie del lago, 
y las preocupaciones se aquietan 
como el ganado que pace tranquilo.

Entonces aparece aquéllo que me teme 
y permanece un instante ante mis ojos 
para desaparecer un momento después 
llevándose consigo sus temores. 
Canta y escucho su canción.

Luego surge aquéllo a lo que temo 
y perdura un instante ante mis ojos 
para desaparecer un momento después 
llevándose consigo mis temores. 
Canta y escucho su canción.

Encuentro con la sombra

El trabajo con la sombra es una buena medicina que nos encamina hacia la búsqueda de una vida auténtica, lo que algunos llamarían llevar una existencia íntegra. Para ello deberemos enfrentamos a nuestro personalidad hipócrita (nuestra sombra) para poder decir -cuando nos hallemos postrados en nuestro lecho de muerte próximos al encuentro con el Hacedor- que hicimos cuanto pudimos de la mejor manera posible. Como dijo Gandhi: «El único diablo que existe en el mundo mora en nuestro propio corazón. Es ahí, a fin de cuentas, donde debemos librar nuestra más decisiva batalla».

"Encuentros con la sombra"
C. S. Jung y otros.

viernes, 8 de julio de 2016

La vida es sueño.

Dejando por ahora a Unamuno, que llegó a la conclusión de que nuestra existencia no era otra cosa sino el sueño de Dios ("San Manuel Bueno, mártir"), nuestro Calderón de la Barca supo condensar poéticamente la filosofía budista de la vida como sueño o ilusión samsárica, en el soberbio soliloquio de Segismundo:

"Sueña el rico en su riqueza, 
que más cuidados le ofrece; 
sueña el pobre que padece 
su miseria y su pobreza; 
sueña el que a medrar empieza, 
sueña el que afana y pretende, 
sueña el que agravia y ofende, 
y en el mundo, en conclusión, 
todos sueñan lo que son, 
aunque ninguno lo entiende. 

 Yo sueño que estoy aquí 
destas prisiones cargado, 
y soñé que en otro estado 
más lisonjero me vi. 
¿Qué es la vida? Un frenesí. 
¿Qué es la vida? Una ilusión, 
una sombra, una ficción, 
y el mayor bien es pequeño: 
que toda la vida es sueño, 
y los sueños, sueños son."

Los sueños.

"Antes de la iluminación, la naturaleza verdadera del individuo está ensombrecida por la ignorancia básica de la que surge la mente conceptual. Atrapada en la visión dual, la mente conceptual fragmenta la unidad indivisible de la experiencia en unidades conceptuales y se relaciona con estas proyecciones mentales como si existieran por sí mismas como seres y cosas diferentes. El dualismo primario divide la experiencia en el yo y lo otro, y debido a que nos identificamos sólo con un aspecto de la experiencia -el yo-, se desarrollan las preferencias. Esto trae como resultado el surgimiento de la aversión y del deseo, los cuales se vuelven la base de las acciones físicas y mentales. Estas acciones (karmas) dejan huellas en la mente individual, que se convierten en tendencias de condicionamiento, que generan más codicia y aversión, las cuales, a su vez, engendran nuevas huellas kármicas, y así sucesivamente. Eso es lo que constituye el ciclo del karma que se perpetúa constantemente a sí mismo.
Durante el sueño, la mente se aleja del mundo sensorial. Las huellas kármicas estimuladas por las causas secundarias, necesarias .para su manifestación, tienen una fuerza o energía llamada prana kármico. Como el caballo y el jinete en la analogía, la mente 'cabalga' en el prana kármico hasta el centro energético del cuerpo relacionado con la huella kármica activada. Ello significa que la conciencia se concentra en un chakra en particular.
En este juego de mente, energía y significado, la conciencia ilumina y es afectada a su vez por las huellas kármicas y" las cualidades del reino asociado. El prana kármico es la energía del sueño, la fuerza vital, mientras que la mente se mueve con la manifestación específica de las huellas kármicas, incluyendo color, luz, emoción e imágenes, para formar una historia significativa que es el sueño. Este es el proceso que genera un sueño samsárico."

"El yoga de los sueños. Manual práctico para realizarlos mientras dormimos"
Ed. Pax México. México, 2004


Se puede leer y descargar aquí.

jueves, 7 de julio de 2016

La liberación de las emociones

"La mejor respuesta a las emociones negativas es permitir que se liberen a sí mismas, permaneciendo en la conciencia no dual, libres de ambición y aversión. Si podemos hacer eso, la emoción pasa a través de nosotros como un pájaro que vuela por el espacio: no deja ningún rastro. La emoción surge y luego se disuelve espontáneamente en el vacío. En este caso, la semilla kármica se manifiesta, sea como una emoción o como una sensación en el cuerpo, o bien como un impulso hacia una conducta en particular; pero como no respondemos con ambición o aversión, no se genera ninguna semilla de karma futuro. Por ejemplo, cada vez que la envidia surge y se disuelve en la conciencia, sin que nos volvamos presas de ella o tratemos de reprimirla, la fuerza de la tendencia kármica hacia la envidia se debilita; no hay nuevas acciones que la refuercen. Al liberar las emociones de esa manera, se corta el karma desde su raíz. Es como quemar las semillas kármicas antes de que tengan la oportunidad de crecer y manifestarse como problemas en nuestra vida.

Podría uno preguntarse por qué es mejor liberar la emoción que producir karma positivo. La respuesta es que todas las huellas kármicas nos constriñen, nos restringen en identidades particulares. La meta del camino es la liberación total de todo condicionamiento. Esto no significa que una vez que uno está liberado, la compasión y otros rasgos positivos no estarán presentes; de hecho, lo están. Pero cuando ya no estamos manejados por las tendencias kármicas, podemos ver nuestra situación claramente y responder de manera espontánea y apropiada, en lugar de ser empujados en una u otra dirección.
[...]
Si bien permitir que la emoción se libere a sí misma es la mejor forma de responder, resulta difícil hacerlo sin tener antes una práctica desarrollada y estable. Pero independientemente de cómo sea nuestra práctica ahora, podemos decidir parar por un momento cuando la emoción aparezca, entrar en contacto con nosotros mismos y elegir actuar de la mejor manera posible. Podemos aprender a suavizar la fuerza del impulso de los hábitos kármicos. Podemos usar el proceso conceptual para recordar que la emoción que vivenciamos es, simplemente, el fruto de huellas kármicas anteriores.


"El yoga de los sueños. Manual práctico para realizarlos mientras dormimos"
Ed. Pax México. México, 2004
Se puede leer y descargar aquí.

lunes, 20 de junio de 2016

El mandala, interpretado por Jung

“El mandala es una típica forma de arquetipo; es lo que llaman en aritmética la cuadratura del círculo, el cuadrado en el círculo, o el círculo en el cuadrado. Y es un símbolo antiquísimo, que va hasta la prehistoria del hombre, aparece en toda la tierra y expresa a la deidad  o al YO, y estos dos términos están psicológicamente muy relacionados, lo que no quiere decir que yo crea que Dios es el Yo o que el Yo es Dios. Yo he afirmado que hay una relación psicológica, y hay muchas evidencias de ello. Y es un arquetipo muy importante, es el arquetipo del orden interior. Y siempre se unas en ese sentido, ya sea para hacer la disposición de los muchos, muchos aspectos del universo, el esquema del mundo, o el esquema de nuestra psiquis. Y expresa el hecho de que hay un centro y una periferia y trata de abarcar el todo. Es un símbolo de totalidad. Por eso en un momento en que, durante el tratamiento, existe un gran desorden y caos en la mente de un hombre, entonces  puede aparecer este símbolo, ya sea en forma de mandala en un sueño, o como dibujos fantásticos imaginarios o en cosas así.  Aparece allí espontáneamente. Como un arquetipo compensador, trayendo orden, mostrando la posibilidad del orden. Centralidad. Y significa un centro que no coincide con el ego, sino con la totalidad, es totalidad. Somos totalidad, a la que llamo el YO. Sí… este término para la totalidad, pero no soy total en mi ego, mi ego es un fragmento de nuestra personalidad. Así que el centro de un mandala no es el ego, es toda la personalidad.”
(El propio Jung lo explica en los minutos 31:55 - 35:51)

sábado, 18 de junio de 2016

viernes, 3 de junio de 2016

Biografía del silencio

"En la meditación hay algo que, una vez que se ha apoderado de ti, es difícil de erradicar. También es difícil saber con precisión de qué se trata. Es como si hubiéramos nacido para estar sentados en silencio; o como si hubiéramos nacido para acompañar la propia respiración, o para repetir incesante y lentamente una jaculatoria, en la esperanza de llegar algún día a disolvernos en ella."
Biografía del silencio.
Pablo d'Ors.
Ed. Siruela, 2015

Una cita a vuelapluma.

"Hay trabajos que parece que despiertan el pensamiento, y uno de ellos es empujar una carretilla. Al cabo de algún tiempo no se nota si uno lleva el carretón, o si es el carretón el que le lleva a uno. Así en la vida, muchas veces, no se sabe si es uno el que empuja los acontecimientos o si son los acontecimientos los que le arrastran a uno."

Pío Baroja.
La lucha por la vida. III Aurora Roja.

martes, 31 de mayo de 2016

Shunyata, Ku, vacío.

Es difícil - al menos para mí - penetrar en el concepto de "vacío". Encuentro explicaciones - al menos para mí - confusas, cuando no contradictoria... Y me parece muy importante ir a la raíz del concepto, para interpretarlo de acuerdo a la doctrina budista.
Creo que son acertadas estas explicaciones que siguen: 

"Shuniata significa que no hay nada que posea una esencia individual y, por tanto, que todo está vacío, sin una realidad independiente. Todo lo que existe está relacionado y es interdependiente, y la aparente pluralidad de individualidades es un carácter ilusorio de nuestra existencia. 
Esta ignorancia (avidya) de la verdadera naturaleza de la realidad es, por tanto, no experimentar shuniata como la verdadera naturaleza de la misma. Cuando esto es posible, es precisamente lo que se llama el "Kundalini", "despertar" o "iluminación" en el budismo. 
Cabe destacar que el concepto de shuniata nunca implica que la realidad no exista, no equivale al cero (aunque en la India la idea del cero parte de la idea de la shunia) o a una ausencia total. No es sinónimo de nihilismo. Contrariamente sugiere una realidad última, que no puede clasificarse en las categorías de la lógica. 
Este concepto fue muy desarrollado filosóficamente a partir de la noción de la no existencia de individualidad (anātman) y la explicación del surgimiento dependiente (pratītyasamutpāda). Es una pieza central de toda la filosofía budista, de manera que toda enseñanza sobre la naturaleza de la realidad se desarrollará a fin de ayudar a comprender qué es esa vacuidad."


Ver artículo completo en

La síntesis del zen.

"El espíritu y el cuerpo son una sola y misma cosa, como las dos caras de una hoja de papel. En la vida cotidiana no se pueden separar. Algunas personas prefieren lo espiritual, otras lo material. Si se quiere comprender hay que encontrar la vía de enmedio. Lo espiritual es material y lo material se vuelve espiritual.
El espíritu existe en cada una de nuestras células y, finalmente, el espíritu es el cuerpo, el cuerpo es el espíritu. Está también la actividad, la energía, que no son dualistas.
La vía de enmedio lo integra todo. La dimensión más alta es mushotoku, la vía de enmedio. El Zen es la vía de enmedio. Pero no hay que equivocarse sobre esta palabra «enmedio». No podemos elegir entre material y espiritual. Debemos abarcar los dos. Ambos son como el haz y el envés de una misma hoja. Ésta es la razón por la que el Zen es tan difícil de comprender.
La vía de enmedio es una vía que está más allá. Los razonamientos europeos se presentan siempre así:
tesis, antitesis, síntesis.
Lo material es la tesis, lo espiritual la antitesis.
El Zen, la vía de enmedio, es la síntesis."

Deshimaro, Taisen: 
"Preguntas a un maestro zen"

viernes, 13 de mayo de 2016

Yo no soy yo. Juan Ramón Jiménez


Yo no soy yo.
Soy este
que va a mi lado sin yo verlo,
que, a veces, voy a ver,
y que, a veces olvido.
El que calla, sereno, cuando hablo,
el que perdona, dulce, cuando odio,
el que pasea por donde no estoy,
el que quedará en pie cuando yo muera. 

Eternidades (1918)
Juan Ramón Jiménez (1981-1958)